LA CGT EN EL OJO DEL HURACÁN

Sin prisa, con la cadencia y la seguridad propias de quienes ostentan un status inconmovible y tras cuatro horas de cabildeos, el consejo directivo de la CGT volvió a postergar la convocatoria al Comité Central Confederal para definir una nueva conducción para la central obrera. El opaco ciclo del triunvirato, esmerilado por el rechazo social a su tibieza y la vergonzante inacción ante los despidos masivos y la destrucción del aparato productivo, demora su paso a la historia.

Con la ausencia del moyanismo y la permanencia de la Corriente Federal de los Trabajadores, con la presencia del Movimiento de Acción Sindical dirigido por el taxista Omar Viviani y la incertidumbre de una UOM pendular que teje lazos con la CFT para impedir la consolidación de una CGT funcional al oficialismo, el Consejo Directivo decidió pasar a un cuarto intermedio en las negociaciones hasta el 3 de Mayo, fecha en la que se convocaría al comité para definir las nuevas autoridades.

El estado crítico que atraviesa la estructura interna de la CGT significa un duro revés para el movimiento obrero en su conjunto; es necesario recuperar cuanto antes la CGT como un polo de reagrupamiento para los trabajadores y devolverle a la acción sindical un programa de recuperación y defensa de la industria nacional. Azopardo pareciera totalmente disociada de la realidad de una clase trabajadora argentina que no puede esperar más tiempos políticos, y que se repliega cada vez más a la trinchera barrial como último ejercicio de resistencia, un triste deja vu de la década del noventa. El puesto de lucha debe ser el puesto de trabajo, la organización debe partir de ahí.

El movimiento obrero organizado en las calles garantiza no sólo poder de movilización, sino también representación popular. No se trata de señalar a la central obrera con el dedo, desde afuera y sólo con el ánimo de destruirla, pero tampoco es cuestión de idealizarla y asumir posiciones acríticas. No se trata de reclamarle que asuma el rol político que a la partidocracia liberal no le interesa llenar, pero la defensa irrestricta de los puestos de trabajo es innegociable y una tarea indelegable de la CGT el apoyar a sus propias bases cosa que, en dos años de macrismo y en dos años de triunvirato nunca se verificó en la praxis con la consecuencia táctica y estratégica precisa. Ejemplos sobran; las luchas en Cargill, Cresta Roja, PepsiCo, Fanazul, toda la industria textil, la industria del calzado, el Transporte Público de Pasajeros, la metalurgia, la siderurgia, los trabajadores de prensa, los Estatales, Atucha, el INTI y los docentes como los casos más notorios de las consecuencias de, valga el contrasentido, las políticas públicas para privados que viene desarrollando Cambiemos, han carecido del apoyo decisivo de un programa sólido por parte la CGT.

Así, aislada, a despecho de la suerte que corrieron los casi quinientos mil desocupados creados por Cambiemos, la CGT atraviesa la tensa calma del ojo del huracán con la seguridad de quién se siente a salvo bajo el paraguas de sus recursos. Subestima, consciente o inconscientemente, la historia de una clase que supo, sabe y sabrá organizarse para reconquistar sus derechos llevándose puestos a quienes deba llevarse puestos, no ha de faltar mucho para que el desdén de los “dirigentes” sea arrasado por la violencia circundante del huracán popular.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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