Jubilaciones y justicia social

Sancionado el decreto presidencial 163/2020 que elevó los haberes jubilatorios en un 2,3% más una suma fija 1500 pesos, la discusión, planteada sobre todo desde los medios hegemónicos de comunicación, se dio en torno a las cuestiones de forma en la dialéctica entre la fórmula para el cálculo de los aumentos heredada del régimen macrista y los aumentos porcentuales con suma fija que implementó Fernández. Lo que nadie, lamentablemente, pone sobre la mesa es la cuestión estratégica del pleno empleo como garante de la seguridad social de nuestros viejos.

El derecho a gozar de una remuneración jubilatoria acorde al esfuerzo que los trabajadores prodigan generosamente durante toda su vida laboral, es una cuestión de justicia social. No se trata de un derecho civil, de una cuestión meramente dadivosa o una migaja que haya que medrar en los escritorios de los políticos que representan a los dueños de los medios de producción. Es una cuestión social de estado. Un asunto patriótico que halla su génesis en una de las grandes deudas de la democracia para con su pueblo: el trabajo digno para todos.

Uno de los ejes fundamentales del nacionalismo de Estado es la expropiación estatal, valga la redundancia, de los medios de producción y servicios que en lugar de acumular capital para la Patria lo acumulan para la patronal privada, financiando fugas, bicicletas financieras y demás mecanismos de enriquecimiento de las minorías oligárquicas. Este ciclo virtuoso de empoderamiento nacional genera la usina de justicia social más significativa: el Estado Empresario y a través suyo el pleno empleo. Lo que además, y de manera contundente, cambia el foco de análisis porque, si el sistema previsional de reparto basa su solidaridad en el aporte de la masa de trabajadores ocupados, estaríamos saliendo de la síntesis mentirosa que responsabiliza por el atraso en los haberes jubilatorios al «déficit fiscal».

Con los nueve millones de argentinos que trabajan en negro o permanecen sub ocupados en condiciones comparables a las del proletariado manchesteriano de finales del siglo XIX, aportando y con salarios dignos (decimos dignos en cuanto a lo que de digno pueda tener el régimen de salario…pero esa es otra discusión), con sindicatos poderosos y la producción en marcha, el escenario sería otro.

Lógicamente, la construcción colectiva de la Patria soberana no se da por ósmosis, pero es necesario el empuje de las masas populares sobre un programa preexistente. Es preciso instrumentar la elaboración de un marco legal con perspectivas nacionales que corra el eje del problema fiscal,  ponga el énfasis en la cuestión del trabajo y organice a los trabajadores para sostener el proceso de la justicia social y la independencia económica.

Como en el ajedrez, es imposible unificar bajo un mismo objetivo a las piezas blancas y a las negras. La construcción unitaria es totalmente condicional con respecto a la formación de la conciencia y la identidad popular, no se puede declamar soberanía si el tema a resolver es la deuda ilegítima por sobre el hambre de jubilados, trabajadores y desocupados. Tenemos cuatro años por delante con tierra arrasada pero con una oportunidad, quizás la última, de solidificar los cimientos de una Patria para todos. Empezar a hablar de las cosas y salir a la superficie no sería un mal comienzo.

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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