JORGE ALTAMIRA Y EL “SOCIALISMO” ELECTORALISTA PARA PRINCIPIANTES.

EL PUNTO DE VISTA DE SUS CONSIGNAS

Por Guillermo Bustos
   Jorge Altamira y su socialismo se traduce en la siguiente consigna: el enemigo principal es el Peronismo y su burocracia sindical, obviamente que niega a todas las clases sociales que existen en el país, cuál es y cómo es el sometimiento del país con respecto a los centros del Capital Financiero, quienes son los agentes de la liberación o de la independencia y cómo actúan, etc. Los tiempos electorales son muy rápidos para Jorge y no puede explicarlos, tampoco le interesan y en esa rapidez toma prestado todos los prejuiciosdignos del cipayismo, para traficarlos como un “Marxismo” acabado y profundo.
Si bien puede decirse que es clasista en su campaña, el problema que es verdad, pero no de la clase obrera, veamos sus prejuicios –consignas “clasistas”-como los desnudan, después veremos sus contradicciones.
   Su principal problema es la quita del impuesto a las ganancias y el 82% móvil a los jubilados. Si bien estas consignas nunca las tuvo en los 90, porque los neoliberales nunca las agitaron, ahora que los neoliberales las agitan, le parecen correctas para estar a tono contra el peronismo. Parecen consignas excelentes, pero que ocultan bastantes prejuicios reaccionarios, ya que si bien los gerentes de empresas que tanto Altamira dice despreciar, son los principales preocupados por ese impuesto, no así el 90% de los trabajadores.

Con respecto al 82% móvil, cuando las jubilaciones estaban en las AFJP, y eran pocos los que se jubilaban, y servían de caja para financiar a las empresas privadas y los Bancos, nunca se preocuparon de eso. Cuando volvió a manos del Estado y jubiló a todos los que trabajaron y principalmente a los que eran negreados sin que se le depositen sus aportes, ahora Él y el mundillo neoliberal exigen eso, no porque les preocupan los jubilados, sino por lo siguiente: primero le echan la culpa al Gobierno de desfalcar el ANSES por los planes sociales y por jubilar a los laburantes que nuestros queridos benefactores neoliberales tenían en negro y la única forma de conseguir el 82% móvil es quitar los planes sociales y volver a que se jubilen pocos. Ésta es la quimera neoliberal y anti-obrera por la cual Altamira le gusta ir, pero es una quimera, ya que es la única garantía para que el ANSES quiebre si no tiene otra financiación, salvo que sean pedir créditos usurarios al Capital Financiero, cosa que Altamira obvia esto, o volver a privatizar bajo la excusa que ya no subsidia a los piqueteros, esperemos que si se da éste caso desgraciado, Altamira se haya deshecho del Polo Obrero o el Polo Obrero irá con la cabeza de Altamira a pedir que no se privaticen el ANSES para no caer en la inanición.

   En vez de empezar por el socialismo, es decir pedir que el Estado posea la mayoría de los sectores estratégicos como su propiedad, para así poder llevar a cabo sus consignas, Altamira empieza por los prejuicios neoliberales.

Prejuicios anti- marxistas

   En uno de sus spots muestra a un Gorila, como un burócrata sindical “residual”, defendiendo a un burgués bien estereotipado. Muchos de sus simpatizantes lo aclaman y dicen que original. Si bien nada tienen que envidiarle al Stalinista Victorio Codovilla, ya que él hacía lo mismo, el prejuicio radica en porqué los obreros siguen siendo peronistas, van detrás de la burocracia sindical que los traiciona y a pesar de todas las campañas seudo-clasistas contra el Gobierno Nacional echa por ellos y los neoliberales, Cristina es la más votada por los obreros. A pregunta prejuiciosa, respuesta prejuiciosa: la respuesta está en la burocracia sindical que los ata de pies y manos para que el obrero sea peronista. Aquí Altamira piensa que los individuos (burócratas sindicales) pueden ser superiores a las fuerzas sociales que están en juego y que éste “intelectual” obvia a propósito para quedar limpio en su conciencia; debería leer más a los clásicos del marxismo que él dice rescatar que a los prejuicios, propios o extraños. Entre los neoliberales que llevaron a condiciones prehistóricas a la clase obrera del país, y el Gobierno Nacional donde media entre el Capital y el trabajo, los obreros saben qué elegir: ya Trotsky explicando el voto a Lázaro Cárdenas, y luego a Álvaro Camacho, decía que el obrero busca un mejor patrón y sólo los pedantes se quejan de ello. Los obreros podrían votar al FIT en masa, nadie niega que la lucha por las reformas, están y a veces explica el voto al FIT. La lucha por las reformas son un espacio ocupado por el FIT, lugar dejado por varios sindicalistas pero, gracias a la baja tasa de desocupación, y las mediaciones del Gobierno Nacional, el obrero se siente más seguro para la lucha. Y esto es reconocido por el obrero, pero no por el FIT y por eso no se llega a conocer que en esta lucha social, los obreros en su mayoría sean más peronistas en todas sus variantes que “socialistas”.
   Ésta falta de compresión de una de las variantes de las luchas obreras, lleva también a que el obrero piense que el “sueño” de Altamira es una quimera, y entre la quimera y la burocracia sindical, los obreros opten por ésta última que les asegura aunque sea un mínimo de resguardo ante los sectores más reaccionarios de la sociedad.

CHARLATANERIA DE FERIA

   A lo largo de las luchas nacionales, que se dieron en los últimos años, los obreros confirmaron, principalmente cuando los campos en masa, y no individualmente, fueron a un enfrentamiento directo, que Altamira era y es una quimera, es decir un charlatán de feria hecho y derecho.
   A Altamira le gusta decir en campaña: “que la crisis la paguen los capitalistas”, es decir, le gusta afirmar que los capitalistas paguen sus platos rotos. Esta aseveración puede resultar correcta en alguna etapa, el problema fue que en el 2008, cuando las masas, encabezadas por el Gobierno Nacional fueron a exigir que la Oligarquía pague los platos rotos, Altamira se borró diciendo “pelea entre capitalistas”. Con esa excusa, no sólo dejaba de cumplir con su propia y harta consigna, también le aseguraba ser bien visto por la oligarquía, para luego ser un invitado, de la izquierda domesticada en programas televisivos.
La otra charlatanería está en uno de sus spots publicitarios. El Gorila que defiende al burgués con la insignia de la UOCRA, pero obvio, Luis Barrionuevo, defensor histórico de los intereses históricos de EEUU y los grupos más concentrados, dentro del sindicalismo, que se dio el lujo de expulsar al combativo Ubaldini para que Menem y el embajador Todman pudieran hambrear al pueblo argentino, en ningún momento serían caracterizados como Gorilas, a lo sumo como burócratas políticamente incorrectos. Para Altamira, los “burócratas que acusan a los planes sociales de causar inflación, al hermano latinoamericano de causar desocupación, se aggiornan y abandonaron la campera de cuero por el traje Cristian Dior y marchan y forman listas con destacados gorilas, son simples burócratas sindicales, que mueven obreros que hay que convencer, con sus prejuicios reaccionarios incluidos  para el socialismo, en cambio los sindicalistas que saben cuáles son las fuerzas sociales en puja dentro del país, y saben ubicarse en el campo correcto, aún a pesar de ellos,  son gorilas estereotipados y satanizados.

   Este escrito no quiere convencer a Altamira; y  ojalá me equivoque y él haga la revolución o por lo menos detenga los ataques del capital financiero, no sólo en sus mitos que caen de maduro que no existieron, sino en la realidad. Todo movimiento de ideas, nace, tiene su esplendor y luego degenera. El Trotskismo no es una excepción: al apogeo de su creador, que supo defender a los líderes nacionales y populares de los países no Imperialistas como Lázaro Cárdenas (México), Pedro Campos Albizú (Puerto Rico), Grau San Martín (Cuba) o Adb El Krim (el Riff), ahora existe una serie de trotskistas que se ríen de ellos, pasando ya no por su etapa de farsa, sino a la medida de sus risas por su etapa de payasos, pero payasos que alegran por izquierda las fiestas del cipayismo. Por lo tanto que disfruten sus monerías, que nosotros debemos tomar las cosas seriamente, y puntualizar con este escrito, lo que se debe hacer para llevar la revolución nacional y popular al triunfo sin caer en ningún prejuicio reaccionario.


Avatar