Inequidades de la Justicia patriarcal

Por: Sofía Abriata,

Comisión Diversidad de Agrupación Buenos Aires 3D

El Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata que juzgó a los tres imputados por el abuso sexual y la muerte de Lucía Pérez se preguntó muchas cosas al momento de fallar. Se preguntó si Lucía estaba en una situación de vulnerabilidad, se preguntó si Lucía era una adolescente que podía ser fácilmente sometida a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento, se preguntó si existía una relación de subordinación entre ella y Matías Farías, que le hiciera mantener relaciones sexuales no consentidas; y finalmente al momento de evaluar la conducta del agresor, solo se preguntó si su accionar previo y posterior al hecho se corresponde a la de una persona cuya intención es abusar sexualmente de una menor y proporcionarle drogas hasta su muerte.

No es casual que todas las preguntas se construyeron a partir de preconceptos sobre cómo Lucía se comportaba, cómo se vinculaba con los varones y cuál era su relación con el uso de sustancias ilegales.

Si tomamos extractos de la sentencia podemos observar, entre otras cosas, la construcción de la buena o mala víctima. Es que en este caso, el Tribunal presentó a Lucía como una joven que sí puede usar drogas, “empoderada” frente a los varones y quien puede disponer con libertad sobre su cuerpo. Se hace un análisis exhaustivo sobre la personalidad de la joven y llegan a la conclusión que ella no era una persona predispuesta a ser violada, que no encajaba en el estereotipo de buena víctima, sumisa, que no se dejaba convencer fácilmente y que podía dirigir su voluntad libremente, aún en situación en la que se encontraba con un varón de 23 años, en la casa de este, habiendo usado drogas las cuales fueron suministradas por Farías.

Esta construcción ficticia de una realidad paralela en donde las mujeres no son objeto sexual a disposición del patriarcado no es inocente y anuncia una vez más la selectividad del poder judicial, quien además de seleccionar a los sujetos que va a criminalizar, realiza un recorte sobre estereotipos de víctimas y encaja a algunas mujeres en esos casilleros.

A partir de allí justifica hechos, sin ni siquiera analizar conductas, se focaliza principalmente en la conducta de la víctima, sin embargo al analizar los autores solo se ocupa de su predisposición para ser violadores, confundiendo un acto de comprar una chocolatada y facturas como una conducta que aparta toda culpabilidad o intención de someter a otra persona.

Durante el desarrollo del juicio, durante reiteradas oportunidades, los jueces demostraron una clara intención de menospreciar el discurso de las mujeres, desconocer (o mejor dicho) desechar como objeto de análisis, las actuales relaciones asimétricas que sostienen esta construcción sociocultural.

Tal como explica Rita Segato, la posición de los varones cis frente a los cuerpos feminizados se expresan en una constante prueba de su potencia, en donde reivindican su poder de ser dueños de esos cuerpos. Es que según la autora, el acto de la violación es un acto de moralización, mediante el cual se está castigando a su víctima, por algún comportamiento que él siente como un desvío, un desacato a una ley patriarcal. Por ende, él es un castigador, él no siente que actuó contra la ley, sino a favor de una ley que es una ley moral. Esta ley moral es la que atravesó al Tribunal en todo momento en su relato, perpetuando el sometimiento de Lucía, quien no solo fue abusada por Farias, sino también fue sometida al ser invisibilizada en su condición de mujer joven por los Jueces varones encargados de juzgar conductas.

Esta impunidad estructural y selectiva es un acto de reafirmación de la corporación masculina. Así como los varones expresan constantemente la potencia de masculinidad hegemónica sobre los cuerpos de las mujeres, como lo hizo Farías frente a Lucía aprovechando su edad, su género, aprovechando que estaban en su casa y que él mismo le proveía droga, también lo hizo el Tribunal al consignar la absoluta impunidad en una sentencia que reafirma los estereotipos heteropatriarcales impregnados como mandatos en nuestra sociedad.

Esta impunidad es reconocible para las mujeres, se vive desde hace muchos años y representa un obstáculo más para el acceso a la justicia en una sociedad en donde sus integrantes se pretenden en igualdad de derechos. Hasta tanto el poder judicial, a través de sus agentes, tomen cuenta de que el feminismo viene a romper con las estructuras tradicionales a través de la reformulación de sus instituciones, van a existir más Lucias esperando una Justicia que deje de ser ciega y que de una vez por todas se saque el velo para ver las inequidades.

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Colaboradores diversos Huellas Suburbanas
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