Indicios de grietas de variada dimensión

Por Daniel Chaves
   Áspera coyuntura, nacional e internacional, la que nos atraviesa por estos tiempos.
   Desde la lejana Europa del Este nos llegan los cimbronazos destituyentes en Ucrania, el rol siempre central de los Estados Unidos y su acaso ridícula búsqueda por concretar su “Destino Manifiesto” en un mundo cada vez más multipolar; la reacción y advertencia rusa y un escenario que nos deja, al igual que en la crisis en Siria y la situación latente en Irán, en los márgenes mismos de una conflagración de una magnitud absolutamente desconocida.
   Escenario propio de una decadencia sin final aparente para la etapa imperialista en el modelo económico vigente en la casi totalidad del orbe, incuestionado por la mayoría de los gobiernos y por supuesto, sostenido desde un permanente enriquecimiento de variables culturales, sociológicas, incluso morales que dan sustento al emporio del capitalismo como el “único” modo de organización económico-político, social y cultural posible en occidente y parte de oriente.
   Claro está que la lucha del imperialismo se multiplica en varios focos. Nuestra América viene siendo eje de denodados intentos por erosionar, desestabilizar y, de ser posible, arrasar con los gobiernos de base popular y reivindicativos de nuestros más caros ideales de la Patria Grande, que con mayores o menores avances, prosiguen construyendo una inédita integración regional, y resistiendo a los embates que nacen al interior de cada territorio, avalados por los intereses de la rapiña imperial, tan ávida de reconquistar su “Patio Trasero”.
Y por estos pagos…
   A la angustiante actualidad que debe atravesar la Venezuela bolivariana presidida por Nicolás Maduro, línea de flotación, en buena medida, del proceso integrador y emancipador sudamericano y caribeño que se vino gestando en la última década, ya con el Comandante Chávez “bancando los trapos” en soledad desde finales de los 90, debemos sumarle los continuos focos de conflictividad en Ecuador, Bolivia y nuestra Argentina, por citar sólo algunos recurrentes casos.
   En este marco, nuestra patria chica se halla envuelta en un proceso sistemático de acciones perfectamente combinadas con precisión de relojero, provenientes de grandes grupos económicos, dirigentes políticos que –incluso por fuera de sus estructuras partidarias- colaboran con la embajada norteamericana y conspiran a rostro descubierto, con claras intenciones de volver a los “buenos tiempos” de las relaciones carnales, no sin el respaldo de las fuerzas reaccionarias de toda la vida, que han trabajado en oposición descarnada contra cada uno de los gobiernos populares que han existido en nuestra patria.
   Por cierto, un gravísimo error que puede estar cometiéndose, con exasperante reiteración histórica al interior del campo nacional, es su erosión desde adentro, paradojas de tantas pujas y descalificaciones entre integrantes del propio movimiento, que resulta en esperable caldo de cultivo para el acceso al poder de las fuerzas conservadoras y refractarias a nuestro sueño latinoamericano que viene marchando. Dicha erosión se palpa ya no sólo entre sectores medios de ésos que son veloces para “saltar del barco”, sino también en porciones de la clase trabajadora que ha sido la base más poderosa para encumbrar y sostener al proyecto nacional. Disgustos por los bien intencionados pero poco efectivos controles de precios que afectan fuerte al bolsillo de las mayorías asalariadas, una inocultable inflación y una inseguridad que ya dejó de ser una mera sensación para tornarse en inquietante realidad de la cual muchos ciudadanos de a pie pueden dar amargo testimonio. Ni que hablar del narcotráfico instalado con claros síntomas de querer quedarse a como dé lugar…
   Los enormes avances logrados, con paciente ritmo en medio de los empujones hacia el pasado que da la oposición y toda su superestructura financiera y mediático-cultural, parecen desvanecerse en buena parte del imaginario social, frente a los ejes antes mencionados, que molestan en el día a día e impiden ver y valorar en su justa dimensión al sendero edificado. Como ya ha sucedido, luego, muchos irán a llorar lágrimas de cocodrilo ante lo que no se supo ni quiso defender. Pero eso es harina de otro costal, al menos por ahora.
Paritarias, humor social, y combate de ideas
   Las paritarias, como cada año, será un termómetro adecuado para medir el humor social, en un 2014 que definirá prematuramente el perfil de candidatos (e indicios claros de sus programas, expectativas y límites) para las elecciones del año que viene. En cuanto a las paritarias, o el Estado limita la ganancia empresaria, o reduce el ingreso popular. Esa es la disyuntiva. En esa disyuntiva y en el control del proceso inflacionario, se juega de qué manera se transitará el presente año.
   Quizás, y sólo quizás, habría que prestar mayor atención al párrafo que citaré a continuación, escrito para Página/12 por Mario Wainfeld el 2 de marzo pasado, al día siguiente del correcto discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la apertura de las sesiones parlamentarias para el presente año: “Lo que, a los ojos del cronista, sí estuvo ausente es una reseña de las dificultares económicas de este año. Apenas se aludió a la devaluación, nada se dijo de la inflación y, más en general, no se mencionó cómo se haría para mantener los desempeños previos en un contexto menos promisorio. La promesa (implícita o no tanto) es que este gobierno siempre se da maña para defender los intereses mayoritarios. Tal vez, cuando han cambiado tanto las circunstancias, haya muchos ciudadanos que esperan que se enuncie cómo se afrontarán nuevos desafíos”.
   Contrariamente a la estrategia que se ha venido, por lo general, bajando para la militancia, respecto a aquello de no hablar sobre determinados asuntos para no ser “funcional a la derecha” y chicanas por el estilo, parecería tiempo de madurar, largar las disputas superficiales y peyorativas, y afrontar una seria construcción ideológica para trabajar hacia el conjunto de la sociedad, todos y cada uno de los ejes que generan desacuerdos especialmente en parte del propio segmento social que ha venido brindando apoyatura incondicional al rumbo nacional, de impronta neo-desarrollista con inclusión social, que hemos podido construir. Ocultar, por ejemplo, la inflación es regalarle a la derecha neoliberal la exclusividad en dicho terreno discursivo, y una constante “formación de opinión” contraria o incluso que tiende a ridiculizar cada esfuerzo del campo nacional en dicha asignatura, y así para absolutamente cada eje que despierte alguna polémica, por más absurda y mínima que sea.

   La coyuntura no pareciera ser favorable para los gobiernos populares de la región. No obstante, se debe salir adelante, sin seguidismos oportunistas, sino por el contrario, desde el aporte de pensamiento crítico al interior del Movimiento Nacional, para construir desde lo colectivo y sin obsecuencias retardatarias de la revolución nacional inconclusa, que propicien mayores y mejores herramientas conceptuales para luchar en el terreno de las ideas, que es la madre de todas las disputas por venir.

 

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