IDENTIDAD MEMORIA Y COLONIZACIÓN

A través de los tiempos, fue un fin estratégico de los colonizadores, intentar borrar de la memoria colectiva de las futuras generaciones, esa marca indeleble en las subjetividades de los pueblos, que es la identidad como tal, generada por las transmisión oral familiar y comunitaria, arraigada durante siglos de costumbres y tradiciones.

Es que la única garantía de sometimiento de una población por parte del colonizador, está dada en que esa pérdida de memoria, vaya transformando esas poblaciones, en instrumentos aptos para ser utilizados incluso como control social, de los colonizados, custodiados por ellos mismos.

De allí surgen las diferentes formas de sumisión a lo largo de la historia, que van marcando pautas culturales a través del tiempo.

Así vocablos en nuestra región como el “mande”, seguido de patroncito o patroncita, la apropiación de símbolos religiosos del dominador, convertidos a sus propias creencias, como las vírgenes negras del Caribe, la naturalización de agachar la cabeza frente al poder económico o político. No es respeto ni consideración, es simplemente relación de fuerzas y temor al poder.

Pero a la par de la violencia social del colonizador, éste además destruye conocimientos de los pueblos, construidos a lo largo de la historia. Conocimientos que hoy llamamos ancestrales, pero que sirvieron de base a todo lo conocido,  por la hoy llamada Modernidad.

En el ámbito de la salud, es extraordinario el caudal de conocimientos enterrados por la brutalidad colonizadora, que no pudieron borrar del todo y sirven a la ciencia actual con la fuerza de las verdades que nunca mueren.

Podríamos repasar desde los egipcios hace 6 mil años, hasta nuestros pueblos originarios, incluso observando la medicina Ayurbédica que es la practicada en Oriente, sobre miles de millones de seres humanos, con similar respuestas a la medicina alopática, conocida en occidente.

Pero esa colonización destructora de las conciencias colectivas, cuando lo logra, no siempre puede invadir la memoria colectiva, más allá de la naturalización de los hábitos del enemigo por parte de la población.

Una cuestión cultural es la incorporación de lenguajes y costumbres del colonizador, pero siempre es diferente en los ámbitos sociales y familiares. Hubo colonizaciones de décadas y siglos, que al liberarse, encontraron toda la potencia de la memoria enterrada, su fe religiosa, sus costumbres y sistemas de relaciones sociales pretéritos.

Pudieron acaso los británicos con la cultura y religiosidad india, o los soviéticos con el islamismo de los países bajo su órbita? Tampoco los hicieron los norteamericanos con los filipinos o japoneses, que fueron desarrollando, en todos los pueblos mencionados, pliegues de preservación cultural propios.

Hoy la colonización es más sutil, más avasalladora por contar con elementos tecnológicos que amplifican el mensaje del colonizador y minimizan lo cultural propio de los pueblos.

Es más esos medios hegemónicos como los de difusión o las redes, desde el anonimato, siembran el odio a la ajeno a la colonización, a lo diferente a lo hegemónico, a la heterodoxia soberana contrapuesta a la ortodoxia económica saqueadora, apuntalando el relato de los intereses dominantes.

Así puede suceder que los pobres defiendan a los ricos, los excluidos a los dueños del poder, los trabajadores a las patronales cuando aceptan flexibilizarse. Eso sucede cuando esa cultura dominante, agobia hasta los propios derechos de los pueblos, hasta doblegarlos.

Es más se incorporan vocabularios y construcciones del pensamiento, tomadas de la cloaca comunicacional, como expresiones propias, llevando a los pobres e indigentes a comentar el déficit fiscal o el valor de dólar, como problemas cotidianos de su quehacer habitual.

Pero esos mismos medios propician la mal llamada justicia por mano propia, al mismo tiempo que incorporan en el sensorio colectivo del pueblo, la identificación del pibe pobre con los chorros.

Por ese mismo método incorporan comportamientos sociales individualistas, consumistas, mercantilistas, inclusive arrasando los propios derechos como los servicios públicos o los mismos sistemas solidarios de salud y educación demolidos por la lógica neoliberal. La concepción solidaria de la comunidad es atacada por dosis masiva de individualismo egoísta. La cultura meritocrática, desplaza lo colectivo como construcción social.

Esta descripción sintética, sirve para reafirmar la necesidad de dar una batalla importante en el plano cultural, económico, social y político, contra el enemigo colonizador, que así debemos denominarlo, para no equivocar el análisis, sobre cuestiones secundarias de discusión, que siempre el enemigo pretende marcar desde su propia agenda, desviando la atención de lo esencial a los intereses nacionales y populares.

El Peronismo y el Movimiento Nacional y Popular, son las vallas pétreas opuestas a este tipo de penetración social, que le permite al colonizador, instrumentar la pérdida de soberanía del país, sometiendo con el concurso de los mismos colonizados, los resortes del mismo Estado, construido al calor de esos intereses concentrados del poder hegemónico.

Es que el peronismo es la expresión acabada de ese sincretismo cultural americano, mestizo, moreno, criollo, profundo de nuestra Patria Matria Grande. Es como tal, desde hace 70 años, el fortalecimiento de la identidad nacional y la solidaridad social compartida, en esa construcción del Modelos Social Solidario Biocéntrico, a través de la concepción filosófico política de la Comunidad Organizada..

En Homenaje a la Vuelta de Obligado, batalla de una épica nacional única, sólo enterrada en la historia, por el relato probritánico de Mitre.

Jorge Rachid
Jorge Rachid
jorge.rachid@huellas-suburbanas.info