Historia en clave nacional: ALEJANDRO PETION

Por Rubén Lombardi
   Haití, pequeño Estado centroamericano, devastado hoy por décadas de explotación, opresión de sus habitantes , crueles dictaduras y sometimiento al Imperio de turno, alberga no obstante en sus orígenes alguna riqueza en sus alforjas.

   Isla descubierta por Colón en su Primer viaje, es rápidamente incorporada a los dominios castellanos. Pueblo autóctono de cazadores y pescadores, fue utilizado por los nuevos Amos en las durezas de las minas y plantaciones, lo que como en otros terrenos continentales diezmaron a su población. Gente esclavizada de piel oscura fue llegando a su reemplazo.

   Durante el siglo XVII esa isla como en otras antillanas, grupos de filibusteros y bucaneros se enseñorearon de la región. En 1697 Francia fue reconocida como poseedora de Haití en condición de Colonia. Hasta que en 1789 se produce la Revolución Francesa con amplio eco en la isla mencionada.

   A diferencia del sur americano en que el pronunciamiento de los Jacobinos es rechazado por antirreligioso, acá se aspira a que los consagrados Derechos del Hombre y del Ciudadano alcancen a todos los grupos sociales, Blancos y Negros, Criollos adinerados y  mulatos y esclavos, lo que produce un conflicto con el poder napoleónico que, como todo sistema dominante, no ha desatado ese golpe a la aristocracia europea como para unos seres nacidos para servir a los burgueses aspiren seriamente a participar de la democratización total de la economía y la vida diaria.

   “En América son inferiores hasta las aves” habían sentenciado los pensadores del Viejo Mundo de la talla de Hegel, el abate De Paw o Buffon, y resulta que en una pequeña islita de negros ahora se quería salir de esa condición.

   Es en ese ambiente y lugar americano en que aparece un ex colono metido a soldado a encarnar las aspiraciones de la compleja sociedad antillana: ALEJANDRO PETION, un desconocido…hasta nuestros días.

   Mulato pleno, hijo de un colono francés y de una negra nativa, recibe el apellido de ésta última, y con la alianza inicial con el jefe negro Dessalines encabeza la lucha nacional contra los franceses esclavistas. La pelea fue sin consideración, pero la ferocidad del  Imperio puede ser calibrada con las instrucciones dadas por el general galo a su segundo: “ Le envío 50 hombres con 28 perros dogos…No debe ignorar que  ( a tales canes ) no le será dada ración alguna…Usted debe darles negros para comer “.

   Petión en cambio se destacó a lo largo de su carrera militar y política por su bondad, además de su capacidad estratégica.

   Por 1803 la suerte le sonríe y se crea la Bandera nacional haitiana y al año siguiente se proclama  la Independencia de la pequeña patria.

   Claro que la lucha sigue, Francia retoma la contienda y entre los caudillos nativos se quiebra la inicial unión. El jefe máximo de los inicios de la revolución nacional era Dessalines, quien luego de importantes triunfos armados se tienta con atisbos nacionalistas en su gestión y un poder personal despótico en el que se mete a sacrificar a hombres de color blanco por considerarlos negativos para la felicidad de los negros.

   Hasta que nuestro Petión, asentado en una zona parcial de su país llega a la Presidencia. Eso sucede en 1807, y es tan noble su accionar que es reelecto en  1811 y 1816.

   Durante su preeminencia sembró a su tierra de escuelas y liceos, la mujer con similares derechos que los varones. En la Constitución nueva colocó una cláusula “todo africano, indio y sus descendientes en las colonias que vinieran a afincarse serían reconocidos como haitianos”.

   No se detuvo allí, y confiscó las tierras de los franceses, dividió la tierra entre sus soldados y campesinos, bajó el precio de venta de dichas tierras y dio una libertad inusual a su población.
   En 1816, Petión recibió por primera vez a Simón Bolívar y le prometió una amplísima colaboración en sus planes emancipatorios.

   Fue así que dispuso al futuro libertador infinidad de fusiles, pólvora, municiones, víveres, el flete de varia goletas, una imprenta móvil y suma importante de dinero. Como sola contrapartida lo comprometió a abolir la esclavitud en todas las tierras que sus armas libertaran.
   
   Demás estaría decir que el caraqueño heroico cumplió acabadamente la promesa.
  
   A partir de éste solo hecho, Bolívar, hasta entonces uno más de los luchadores por la Independencia americana auspiciados por potencias enemigas de España y miembros de clases sociales privilegiadas, pasó a ampliar la base social de su gesta y con ello aseguró el triunfo que, hasta arribar al encuentro con Petión se le presentaba esquivo y lejano.

  Soldados haitianos se sumaron a la campaña militar del Libertador de América y hasta se destacaron en la batalla final de Ayacucho, en 1825.
   Alejandro Petión era para casi todos el “Padre del buen corazón”. La reforma agraria pacífica que supo diagramar lo había elevado a la cumbre del reconocimiento de la gran mayoría de su pueblo.
En 1818 la fatalidad se cruzó en el camino del gran haitiano cuando contaba solo 48 años… La Fiebre amarilla le produce la muerte, el 29 de marzo del año mencionado.
Se dijo de él que “no supo derramar lágrimas sino a su muerte”.

  Siguió adelante la historia de Haití. La dominación francesa aunque no totalmente se restableció, dada la fuerte impronta de sus elementos humanos enraizados en su economía. Después llegaría el turno del nuevo joven Imperio, el yanqui. Llegan los Marines, las masacres, los monopolios del azúcar, su Banco Nación convertido en sucursal del Citibank, la sangrienta Dictadura de Trujillo en la vecina Santo Domingo, la otra dictadura Pro yanqui de Papa doc. Duvalier, hasta terminar hoy como el país más pobre del continente, luego de la sucesiva saga de Dictadores y gobiernos inmorales y serviles de los norteamericanos, que entre otras calamidades han sometido al lugar a una indescriptible tala de bosques nativos.


   Ese arrasado país de nuestra América, sin embargo, dio lugar a la existencia hace dos siglos a un prócer que fue un puntal de la Independencia americana.


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