Esperanzado, a pesar de todo…

Este 20 de Junio del 2017 deja para la historia política y social de los argentinos un capítulo que obliga por su trascendencia a una profunda reflexión.  “Arsenal” de forma fehaciente marca el primer paso de una larga y complicada marcha hacia el futuro. Es de considerar que un repaso objetivo de nuestra historia política nos propone conocer y reconocer fracasos, frustraciones, ilusiones y esperanzas. Análisis que ayudan a sanar y brindan la posibilidad de reconstruir y armonizar.

Estamos ante el dilema del Siglo XXI. Aquí comienza la reconstrucción del Campo Nacional y Popular. Un diagnóstico realista invita a pensar la necesidad de ampliar y conducir un potencial espacio “antimacri”, construir una oposición con vocación de mayoría que exija actuar de modo decidido, inteligente e innovador. Tarea amplia y efectiva que debemos abordar cuanto antes, si queremos superar la derrota. Las grandes transformaciones de la realidad se hacen cuando hay una íntima articulación entre un sujeto popular movilizador y un proyecto político nacional.

   “Sin ingenio no hay invenciones: o inventamos o erramos” decía Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar. 

Desde la recuperación de la democracia, ningún partido político logró como el kirchnerismo sobrevivir al desalojo del poder. Tanto es así, que hoy conducido por Cristina Fernández de Kirchner propone un giro copernicano hacia la cultura política y desde allí, acompañada de una ferviente minoría militante inicia la conformación de un frente de “Unidad Ciudadana”, apelando a nuevos sectores; no sólo al peronismo, sino a todo patriota que comprenda la crisis argentina.

El regreso de Cristina le devuelve al pueblo parte del acto emocional que había logrado en el período de 12 años en el poder. Con conceptos correctamente definidos, acorde con los tiempos que vivimos, se erige sin atenuantes en la conductora de una propuesta: “Unidad Ciudadana” desde la cual convoca en su apertura a la “Unidad”  de un alicaído movimiento peronista.

Tras la vuelta de su líder, el kirchnerismo recupera su centralidad y obliga al resto del peronismo a definirse y confirma ser el único actor político capaz de movilizar multitudes. Demuestra así que es más inteligente que el travestismo que la rodeaba, a quienes por cierto, desnuda sin nombrarlos. Y hoy define la pertenencia de Unidad Ciudadana al proyecto nacional y popular.

Tal vez –y seguramente que ocurrirá- se mantendrá viva desde allí, aquella consigna que rezaba “Patria sí, Colonia no”.

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