Es mentira

Por: Pedro Lanteri

Integrante de la Red de Comunicadores del Mercosur

Si, si. Es absolutamente falso que los denominados comunicadores populares seamos todo terreno. De hecho quien suscribe es ejemplo perfecto de ello; hombre de radio me cuesta horrores poder redactar un artículo del cual, indefectiblemente, nunca quedo satisfecho.

Pero 5 años y 50 ediciones bien valen el intento. Y lo valen porque en este camino del periodismo veraz y profundamente subjetivo que transitamos no digamos hace cuántos años, encontrarnos con Huellas y sus hacedores nos revitaliza y nutre en un diálogo de pares, donde los egos quedan de lado en aras de construcciones colectivas enmarcadas en el ideario de la Patria Grande Latinoamericana.

Huellas plantea a sus lectores, a los cuales les propone ser actores, una agenda en cuya construcción está siempre presente la comunicación popular como elemento de transformación, en el entendimiento que para que esa transformación tenga lugar y cobre sentido, resulta imprescindible encarar procesos que reconozcan y evalúen el rol de los sectores populares como artífices y verdaderos actores de toda transformación pensable.

Gambeteando sabiamente estructuras y agendas instaladas por los medios hegemónicos  genera contenidos propios buceando en las características comunicacionales de nuestras comunidades y, a partir de ese reconocimiento, de esa escucha del territorio, se da a la tarea de construir puentes nuevos con características propias para lo cual, por supuesto, sabe que no hay recetas: hay caminos a explorar.

Ese concepto de comunicación popular concebida “desde y con” los movimientos y organizaciones barriales, comunales, campesinas, estudiantiles, sindicales, populares, políticas, sociales sin olvidar que la misma es también un acto de formación de valores (producidos y/o reproducidos por medio de la aprehensión de la cultura nacional y popular) que propone desarrollar y entrenar, es la que nos hermana profundamente.

No sé por qué extraña asociación de ideas vienen a mi mente aquellas palabras de Bertolt Brecht cuando afirmaba que “quien pretenda hoy en día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tendrá que superar cuando menos cinco dificultades. Debe tener el valor de  escribir la verdad, pese a que se la reprime por doquier; la astucia de descubrirla, pese a que se la oculta por doquier; el arte de tornarla manejable como un arma; el juicio necesario para escoger a aquellos en cuyas manos se torna eficaz; y las argucias para difundirla entre ellos”. Pues bien, sin temor a equivocarnos podemos asegurar que estas dificultades fueron superadas con pasión y compromiso en estos cinco, y nada fáciles, años de Huellas Suburbanas.

Celebro y agradezco estos cinco años de utopías compartidas y compromisos colectivos.

Nos une y nos seguirá uniendo el deseo de ejercer el derecho a la comunicación, una comunicación que nos dé elementos para transformar el mundo. Que nos permita socializar los saberes; compartir la información para poder decodificarla y así desnudar las falacias que pretenden imponer los monopolios mediáticos. Disputaremos juntos la construcción del sentido en el campo de las ideas.

Nos seguirá convocando la integración latinoamericana basada en el conocimiento de los pueblos que componen la América morena. Músicas, costumbres, tradiciones, fiestas populares y paisajes  son parte de una identidad que nos une y permite comprender los ricos procesos de cambio que estamos viviendo.

Continuaremos rescatando sin pausa nuestras raíces, nuestra cultura; aquella que nos arrebataron suplantándola por la del individualismo sin pertenencia; cultura, como nos propone  Mario Kaplán, “que se identifica con la vida, más que con el museo”. Cultura que sirve al hombre, que  sirve a la comunidad para su propia construcción social y humana,  cultura que es conciencia para comprender mejor nuestro propio mundo.

¡Festejemos estos cinco años y apostemos a muchos más!

Porque, como expresara Silvia Giraudo: “Una revolución se hace de muchas maneras; entre otras, con palabras”

¡Salute!

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