El voto de Octubre

Por Juan Carlos Dennin
 Salvando las distancias, parece algo lejano en el tiempo. Sin embargo, este octubre se parece mucho, políticamente hablando, a aquel otro alejado. Y a lo que sucedió en la campaña electoral hasta el año siguiente  Sin llegar a conformar un bloque electoral debido a los personalismos, la oposición al actual gobierno se asemeja demasiado a aquella Unión Democrática.  Un discurso antigubernamental altisonante, mucho consignismo, pero nada de programas de gobierno que muestren con claridad.  A fin de cuentas, se han convertido en una especie de homenaje viviente al nacimiento del  Peronismo en los actos comiciales.
Setenta años han pasado desde el surgimiento de este movimiento político, cuyo bautismo en las calles se produjo en aquel 17 de octubre, cuando  los sectores populares avanzaron sobre la Plaza de Mayo buscando rescatar a su líder. Y fue ese peronismo, y lo sigue siendo hoy,  el que cada vez que gobernó se dedicó a mejorar las vidas de  los que menos tienen.  Fue aquella una década de conquistas sociales, de crecimiento de lo nuestro, de la concepción de una Constitución, la del 49, que aún hoy sería de avanzada.  Luego llegó la oscura noche de tormenta con los bombardeos, los fusilamientos y las persecuciones que pretendieron borrarlo de la faz de nuestra tierra. Pero en vez de lograr eso,  tanto odio logró parir un pueblo con memoria de sus derechos y conquistas.

  En  los noventa, se profundizó el avance neoliberal iniciado con la dictadura y que acunó a nuestros cipayos, y con el mismo  llegó la traición a todos sus postulados. Francis Fukuyama dictaminó  “el fin de la historia”. En poco más de una década se puso el país al borde de la desintegración. Desocupación, pérdida de conquistas sociales, endeudamiento externo y represión fueron las constantes para la degradación de nuestro cuerpo social.

  Tras tanto descalabro, el 25 de mayo de 2003, desembarcó en la Casa Rosada, Néstor Kirchner, santacruceño, rotulado de entrada como setentista o como cuasi guerrillero montonero.  Lo  que no se tuvieron en cuenta los rotuladores fue  que en realidad venía a recuperar el espíritu peronista del 45, pero con las coordenadas de los tiempos actuales  para construir el peronismo del Siglo XXI.  Lo expresó comprometiéndose con lo popular,  con el desarrollo de las energías y de las nuevas tecnologías, sosteniendo un andamiaje basado en la obra pública, dando importancia al mercado interno y bregando por una integración regional que profundizase nuestra soberanía, inserta en la Patria Grande. Con esa visión y convicción gobernó, y su obra fue continuada por su sucesora Cristina.

Han sido 12 años de gestión, frente a los que se plantó un triángulo mediático, judicial y político que intentó permanentemente deslegitimar ese proyecto en desarrollo, lograr su desgaste e incluso destituir al gobierno, pero que no lo ha podido lograr. Los sectores políticos de oposición han sido partícipes permanentemente de esas intentonas hasta la actualidad. Jamás  han intentado impulsar o proponer políticas superadoras, solo se oponen y denuncian corrupción, en un accionar que es amplificado mediáticamente por sus cómplices e instigadores.  Ayer lo hicieron con Perón, hoy lo intentan con este gobierno.

Estamos navegando en las aguas electorales de octubre y el puerto al que arribemos dependerá del rumbo que se adopte a partir del domingo 25. El voto estará consolidado en función de hechos.  Los resultados de las políticas desarrolladas en los últimos 12 años han dejado su impronta sobre la vida de millones.  A partir de allí de allí cada uno adoptará su decisión en las urnas.
A veces,  es cuestión de prestar atención a lo que esconden las palabras de los opositores para poder decidir libremente. Sobre todo a los que plantean  volver a tener un país normal. En tal caso, ¿quiénes serían los  beneficiarios de  esa supuesta normalidad?  ¿Cuando éramos normales, las deudas de aquel país se pagaban o entraban en una “renegociación permanente” hasta alcanzar niveles insostenibles y explosivos social y económicamente? 

Las políticas y los planes económicos de la derecha son justificados por ella misma como imposiciones de los acreedores externos. Cuando el Gobierno señala lo construido desde 2003 en adelante, lo descalifican porque en ese entonces el país había estallado.  Pero jamás van a contar quienes fueron los que lo han hecho estallar.  Lo que sucede es que a  partir del endeudamiento siempre han logrado la trasferencia de recursos hacia los sectores privilegiados.

Como pueblo esos son los pequeños detalles a los que debemos prestar atención antes de colocar nuestro voto en la urna. Porque nos pueden prometer el oro y el moro con una sonrisa, pero al apoyar a los que pactan con las políticas del FMI, la resultante va a ser siempre la misma.  No por casualidad Argentina ingresa al FMI luego del derrocamiento de Perón, como antes lo había hecho Guatemala luego del golpe de 1954.  Ha sucedido siempre que nuestros pueblos, los pueblos latinoamericanos eligen modelos políticos propios, modelos que van sustituyendo las importaciones.

Nuevamente lo están intentando hoy a través de sus políticos laderos.  Tanto el Fondo como el Banco Mundial, consideran que es el momento oportuno de regresar a la región para recomenzar el círculo especulativo y de emisión de deuda. No por nada, la reunión anual de ambas entidades se realizó en Lima días atrás, algo que no sucedía en estas tierras del sur del mundo desde hace 48 años. ¡Hay que estar muy atentos porque vienen por nosotros!

En su momento, allá por 2003, Néstor Kirchner describió a un FMI que había perdido la naturaleza de su finalidad, y que actuó “como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino, de la mano de gobiernos que eran proclamados alumnos ejemplares del ajuste permanente. Nuestro pueblo lo corrobora. En los últimos 30 años hemos visto avanzar la continua dependencia de programas que Argentina acordó con el Fondo Monetario Internacional. Formamos parte de la triste realidad de integrar el grupo de países en los que esa institución ha aplicado y monitoreado muchos de sus 150 planes de ajuste. El resultado ha sido exclusión, pobreza, indigencia, la destrucción de aparato productivo”. Una sentencia vigente hasta la última de sus comas.


Es más que importante la continuidad democrática que tenemos a través del voto. Por eso creo que ese voto debe ser por Argentina, por quienes con errores y aciertos van a defender lo nuestro, van por un Proyecto Nacional y Popular. Del resto ya conocemos cual será el final de sus políticas en caso de triunfar. Ya lo había expresado alguien: “si digo lo que voy a hacer no me va a votar nadie”. ¡Argentinos a las urnas!


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