El riesgo de volver a arar en el mar

Días atrás conversaba con el profesor –y amigo- Ricardo Solohaga, quien desde Catamarca me planteaba la imperiosa necesidad de proseguir nuestra lucha mancomunada para no terminar afirmando, como hiciera el mismísimo Simón Bolívar, que habíamos “arado en el mar”.

Esa ya sería una tarea ciclópea a desarrollar en el marco general que nos atraviesa en el tiempo que nos toca vivir. La autoflagelación por un lado es suicida, y en el otro extremo, el optimismo voluntarista conduce a creerse mayorías destinadas, acaso inexorablemente, a recuperar la conducción de los designios nacionales, en un enfoque que, por momentos, roza lo peor del positivismo decimonónico.

Derechas, xenofobia en el menú nuestro de cada día

 La coexistencia de gobiernos de derecha en buena parte del orbe, inclina la cancha. No es un dato menor con el cual hay que convivir y aprehenderlo. También es muy evidente que la combinatoria entre autoritarismo, xenofobia, racismo y “libertad de mercado” conforma una matriz ideológica que prende entre vastos sectores de la sociedad, y ello acontece a escala mundial.

Para abrochar a esas capas tan oscuras como numerosas no ya sólo de nuestra sociedad, sino del conjunto de la humanidad, hace falta radicalizar el discurso. A propósito de ello, Mario Wainfeld en su columna de Página 12 del domingo 04/11 sostiene que “las nuevas invectivas y proyectos persecutorios contra los inmigrantes a los que se sumó Macri son otro recurso-proyecto de los proyectos de derecha. Dividir a los sectores populares, señalar chivos emisarios a quienes se responsabiliza por la falta de trabajo, en realidad consecuencia del programa económico”.

Auténticos consorcios de medios de comunicación hegemónicos, activos representantes del poder judicial, fuerzas represivas puestas sistemáticamente al servicio de los intereses oligárquicos y transnacionales, y el adorno nada desdeñable de una “reforma” psico-cultural impartida por sectores del evangelismo pentecostal “a la brasileña”, hacen en su conjunto de una potencia con capacidad destructiva poco menos que devastadora.

Por las buenas o por…

Luego cotejamos que las principales referencias del Frente Cambiemos ven derrumbar sus intenciones de voto de cara al proceso electoral 2019, de mayúscula trascendencia para nuestro país, y significativa ascendencia regional y hasta en los enfoques de muchos mercados internacionales: Una pieza que se les desajustara en el inmenso engranaje que han sabido construir a escala global, nunca se sabe qué efectos puede acarrear.

De todos modos, pocos meses atrás nada hacía suponer una paliza electoral de una derecha xenófoba y tan chata en términos de cultura política en el Brasil. Y sin embargo, ahí lo tenemos al ex Capitán.

Los hechos hablan, incluso gritan en un estertor desesperado.

Por otro lado, ¿Realmente se podía esperar otro desenlace en el vecino país? ¿Cómo era posible imaginar otro resultado? Más allá de las buenas intenciones y las ilusiones-quimeras de las que tantas veces nos alimentamos (y engañosamente nos sobre-alimentamos). El poder del establishment brasilero, en estrecha articulación con fuerzas de enorme trascendencia y manipulación social y regional, mostraron toda su dureza y sus mejores garras, desde el momento que se atrevieron a derrocar a Dilma Rousseff, y luego encarcelar tan vergonzosa como implacablemente a Lula Da Silva, sin el menor atisbo de arrepentimiento ni humanidad en su accionar. Ese mismo poder expuso con toda contundencia que jugaban, como mínimo, sus mejores cartas para remover al “populismo” en Brasil, y era previsible que se las arreglarían para no entregar, graciosamente, el control del poder político ante el primer proceso electoral que se les cruzada por el camino (moraleja: cualquier similitud con nuestro país, más allá de los figurones que sean necesario utilizar en cada lugar de acuerdo al contexto y circunstancias, no serán una mera coincidencia).

Del lado del campo nacional, popular, latinoamericanista (supongamos para sintetizar con esperanza), van evidenciando el arte de dilapidar meses y años que debieron haber servido para consolidar un bloque aunado detrás de un proyecto integral de país. Y por el contrario, a menos de un año de la crucial disputa electoral, prevalecen a la vista calculadoras varias, operaciones constantes, zancadillas y una construcción político sindical interesante frente a tanta miseria planificada a su alrededor. Pero con la cual, más allá de sus más que probables nobles objetivos, de momento sigue sin alcanzar.

Y aunque nos sacudamos este yugo de matriz imperialista a escala nacional, luego deviene desde los abismos una “pesada herencia” que ya está debidamente instalada y el establishment acelera, con morboso placer, su reproducción social: no es la herencia económica, ya criminal de por sí; será la herencia de una sociedad virulentamente partida por el creciente “sentido común” de la intolerancia, el desdén manifiesto por el sufrimiento del semejante, la hipocresía de quienes, en el fondo y de manera inconfesable, no aspiran a erradicar la pobreza ni ninguna otra forma de inequidad social, por la vía del trabajo genuino, bien remunerado, la educación y salud gratuitas y de excelencia, y la hermandad entre los pueblos de la región.

Los rebrotes xenófobos en consonancia con el deliberado desfinanciamiento del sistema educativo público y de toda manifestación artística cultural, completan el cuadro presente y pintan una acuarela del monstruoso y deforme mapa al cual nos pretenden empujar, a cualquier precio y de ser posible, impedidos por completo de protestar al respecto. Una sociedad donde abunden los burgueses aterrados que porten sus armas en plena vía pública y hagan justicia por mano propia ante cualquier caso de “portación de rostro” y diferencia de color de piel, orientación sexual, procedencia geográfica y quien sabe cuántas otras discriminaciones más.

Sobre esa hipotética “reorganización nacional” de raíz cultural tan profunda como podrida, debemos  hacer hincapié y trabajar desde el vamos. Para que, en efecto, todo lo demás que se proponga construir para enfrentar a esta maquinaria de destrucción de lazos socioculturales y éticos, no quede como un noble intento devenido en un nuevo arar en el mar.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com