El reino del gatillo fácil – Ante la Masacre de San Miguel del Monte

Por: Lic. Luis Valsecchi –  Activa Morón

«Maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo»
Simón Bolívar

Otra vez debemos lamentar la muerte de cuatro jóvenes, (y una con riesgo de vida) a raíz de una persecución policial vehicular sin motivo a la vista, sucedida en la localidad de San Miguel del Monte en la madrugada del lunes pasado. Las pericias realizadas en el auto que ocupaban las víctimas e imágenes de las cámaras de seguridad, refuerzan la versión de testigos que vieron y oyeron cómo los policías bonaerenses disparaban sobre el auto que terminó colisionando frente a un camión estacionado.

Sin embargo, las causas profundas de la tragedia debemos buscarlas en el viraje de la política de seguridad que emprendió la gestión de Mauricio Macri: Esta nueva orientación, que la Ministra de Seguridad de la Nación llamó pomposamente: “un cambio de doctrina”.

Hace un año y medio, en ocasión de recibir al oficial Luis Chocobar de la Policía Local de Avellaneda en la Casa de Gobierno, Patricia Bullrich indicó:

«Esto es ratificar una mirada que tiene nuestro Gobierno, que las fuerzas de seguridad no son… como ocurrió durante muchos años, que fueron las principales culpables a la hora de un enfrentamiento. Estamos cambiando esta doctrina de la culpa hacia el policía, el policía siempre era culpable. Estamos construyendo la doctrina de que el Estado realiza las acciones para impedir el delito. Puede haber policías que lo hagan mal y en casos lo hay, pero el principio es invertir la carga de la prueba que se había hecho doctrina en Argentina: policía en enfrentamiento, policía que iba preso». (Entrevista realizada por Ernesto Tenembaum en el programa «Y ahora quién podrá ayudarnos», por FM Radio Con Vos) https://www.clarin.com/politica/fuerte-cruce-periodista-ernesto-tenembaum-patricia-bullrich-caso-chocobar_0_HyNc5fPLG.html

Luis Chocobar había asesinado por la espalda a Pablo Kukok, quien huía luego de apuñalar a un turista en el barrio porteño de La Boca. La ministra también habló en esa ocasión de los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, afirmando que las Fuerzas de Seguridad actuaron como debían actuar. La sociedad entera miró por televisión las imágenes donde el oficial ejecuta por la espalda a una persona que huye. Las fuerzas de seguridad también. El mensaje es directo, claro y conciso. Se condecorarán y se aplaudirán las balas del Estado que hacen blanco. Se felicitará a los funcionarios que portan armas del Estado y las usan. Incluso, se los defenderá ante el Poder Judicial.

¿Cómo podemos pretender que este mensaje no tenga estos efectos hacia adentro de las fuerzas de seguridad? Una estructura donde es difícil ascender sin favores, sin contactos, sin ser obsecuentes con las jefaturas de turno. La ministra les indica “Hagan mérito y los reconoceremos”. Y este mensaje es más efectivo que cualquier orden directa operativa.

Seguramente el mentado “cambio de doctrina” apunta a exacerbar un discurso público punitivo, de firmeza frente al delito, en épocas de vacas flacas, fuga de divisas y pocos resultados positivos de gestión para mostrar de cara a las próximas elecciones. Sin embargo, la consecuencia directa de este discurso irresponsable la encontramos en cada nuevo hecho de violencia institucional.

Por otra parte, las carteras de seguridad en la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires quedan encerradas en la perversa lógica que establece la ministra, quien no tiene orden de mando directa sobre las policías que cumplen funciones de calle, por caso la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la Policía de la Ciudad. Cada vez que ocurre un hecho de violencia institucional, son los funcionarios locales quienes deben tomar medidas y asumir la responsabilidad de cara a la sociedad. Sobreactúan medidas “ejemplares”, en el caso de Cristian Ritondo en la provincia, o intentan desmarcarse de la nueva “doctrina” de la ministra sin mayor suerte, como el caso del malogrado Martín Ocampo en la ciudad.

Ubicarnos del lado de las víctimas de este macabro modelo de seguridad es una obligación que tenemos como peronistas.

Sabemos lo que hay que hacer:

  • Trabajar para fortalecer la perspectiva de respeto a los Derechos Humanos en la formación policial y en las estructuras operativas.
  • Recuperar el gobierno político y civil de las fuerzas de seguridad, a fin de evitar el autogobierno, el acuartelamiento y el gatillo fácil.
  • Diferenciar taxativamente las funciones policiales (Proximidad, Investigaciones, Vigilancia, Controles etc.).
  • Diseñar y ejecutar políticas públicas que no sólo definan su cara negativa (abstenerse de reprimir manifestaciones, abstenerse de perseguir jóvenes en los barrios, abstenerse de detener trabajadorxs de prensa, etc.), si no que establezcan acciones proactivas en pos de la búsqueda de seguridad. Es decir, políticas concretas orientadas a reducir los niveles de delito y violencia, para trabajar en la dimensión objetiva.
  • Desarrollar propuestas de seguridad en el seno de la comunidad, de manera abierta y diversa, buscando soluciones integrales que escapen a la lógica de policiamiento, a fin de disminuir la dimensión subjetiva de la problemática y evitar la saturación de agentes armados en los territorios.

La derecha al gobierno, incita a las Fuerzas de Seguridad para que utilicen sus armas en contra de las manifestaciones del pueblo. Les peronistas, en cambio, sostenemos que la política debe gobernar las Fuerzas de Seguridad, a fin de que protejan al pueblo de la violencia y el delito.

Exigimos JUSTICIA.

Abrazamos fuertemente a las familias de las víctimas.

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