El racismo desembozado y sus distintas manifestaciones

“Existe una sola raza, la raza humana”.

Surgió en la noche de los tiempos cuando ya ciertos grupos étnicos se encontraban con otros semejantes y entraban en tensión, porque había diferencias, no solo en sus aspectos físicos sino también de costumbres y culturas, en términos antropológicos, aparecía la otredad, el diferente. En nombre de estas “diferencias” se llegaron a grandes matanzas e imposiciones de unos sobre otros de tono agonístico. Dentro de la historia de la etnografía y antropología, el estudio del racismo y sus larvadas expresiones se fueron acentuando en devenir prehistórico e histórico, llegando a expresiones de conceptos y definiciones que se incorporaron como hechos de nuestro quehacer humano, en nuestro conocimiento y nuestra cultura.

El refinamiento de los mismos ha naturalizado, tanto en la antropología, la etnografía, la antropología física, la sociología y como corolario del mismo en sus aplicaciones políticas institucionalizadas reafirmando lo atávico de un pasado que, supuestamente, sería superado. Tanto en la creación de los enciclopedistas y sus grandes compendios hasta la Revolución Francesa se instauró en un momento histórico, político y social la diferencia de clases, de status social e ideológicos buscando una cierta pureza ante ese gran maremágnum que fue la expresión de buscar un cierto grado de justicia, libertad e igualdad ante las grandes ignominias que padecía la Humanidad por causa de la Lucha de Clases.

Ante esta circunstancia surgió la expresión del Conde Gobineau, quien mostrando sus grandes diferencias con aquel hecho histórico publica su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” marcando un hito en nuestra cultura y civilización occidental, desmarcándose de las supuestas igualdades que pregonaba la Revolución y reforzando su linaje, su ideología y su pureza en una clase social a la cual pertenecía y defendía.

Ha pasado mucha agua bajo el puente, y esto volvió a emerger en las fronteras ideológicas, políticas y sociales en grandes enfrentamientos, tomando como sustrato ideológico lo que había pergeñado este siniestro personaje. Podemos dar muestras en un pequeño pantallazo de la historia del hombre, en el nazismo, en el fascismo, en las persecuciones religiosas y las llamadas “limpiezas étnicas” como moneda corriente en el pensamiento occidental, naturalizando lo atroz y siniestro de nuestra capacidad de destrucción hacia nuestros semejantes.

Para no seguir abundando en generalidades, que en otra oportunidad serán profundizadas con mayor rigurosidad científica y respetando al lector, se tomarán hechos más acotados y puntuales de nuestro acontecer histórico político presente.

En el discurso esgrimido en la Honorable Cámara de Diputados con presencia de gobernadores, miembros de la CSJN representando a los Poderes orgánicos de una democracia formal, el Sr. Presidente, elegido por la mayoría del voto popular, comenzó su alocución con un tono suave, aterciopelado, que luego fue arropando con encendidas arengas y agrediendo de manera desmesurada, rayana en conductas psicopáticas negando toda realidad y creando una gran transferencia de su ineptitud y fracaso político a un pretérito del cual es parte, porque él no es una entelequia. Es el devenir histórico de la política y del ethos cultural.

A medida que avanzaba su discurso, empezaron a aparecer las viejas antinomias que no por viejas dejan de ser vigentes: cuando Sarmiento, siguiendo la línea del pensamiento mitrista oligárquico aborrecía a tal punto que comenzó su persecución política racista no tan sólo a nuestros caudillos sino también a los negros, los mulatos, los indios, a los desposeídos de nuestro interior profundo, en nombre de la Civilización y la supremacía del hombre blanco sobre el resto de lo que él llamaría la expresión más acabada de la barbarie y el atraso que padecía nuestra Patria. También se hizo presente “la chusma” de Yrigoyen y los “cabecitas negras o descamisados” del 17 de Octubre. La reafirmación de que nosotros éramos un país blanco a imagen y semejanza de la Europa culta y civilizada.

Siguiendo esta sindéresis en sus políticas, fiel a su clase y al desiderato de las oligarquías que se ven amenazadas, hizo una apología encendida de las mismas.

Cabe una reflexión, al plexo de la estructura ideológica esgrimida en dicho recinto, que hoy más que nunca la Patria está en peligro. Ante este fenómeno político y social, que el conjunto del pueblo trabajador y la llamada Oposición tiene que tomar ese guante arrojado y dirimir de manera racional, coherente, contundente y crítica no de sus conductas particulares sino del arte de gobernar, que sería la política, y no quedar en un mero hecho anecdótico de comentarios banales e interpretaciones subjetivas sin tener los principios básicos de lo que es la Patria, la Nación, la Soberanía y su identidad. Es menester retomar los principios de nuestros Libertadores que dieron todo por una Patria Libre, Soberana e Independiente de todo yugo imperial. Como se lee en la empuñadura del facón del Chacho Peñaloza: “Naides, más que naides, y menos que naides”.

MESA PROVINCIAL SEVERO CHUMBITA

 

Ricardo Solohaga
Ricardo Solohaga
Ricardo.Solohaga@huellas-suburbanas.info