El Movimiento Obrero: por la historia

“Llegan en nombre del peronismo y después cuando hay que votar leyes en contra de los trabajadores son los primeros que nos cagan. Así que el Movimiento Obrero tiene que ser protagonista”. Esta definición de Pablo Moyano en recientes declaraciones a AGN Prensa representa, en líneas generales, la lucha interna que llevan adelante un sector de los dirigentes actuales del movimiento nacional contra el oportunismo a la burguesía de los que callan o bien de aquellos que dinamitan todo atisbo de organización unitaria. Tampoco fueron palabras dichas en cualquier contexto, estamos frente a una movilización que puede ser histórica por lo multitudinario y por las consecuencias políticas que se pueden disparar a partir del salto cualitativo en los niveles de organización que pueden alcanzar quienes convocan y aquí quisiera hacer una distinción, convoca la CGT y las dos CTA, pero dentro de la CGT motorizan la movilización la Corriente Federal de los Trabajadores, Camioneros, la UOM y el Smata, es decir el Frente Sindical para el Modelo Nacional.

El ala combativa del movimiento obrero organizado, que expresa el FSMN, ha sostenido posiciones de confrontación real contra la política económica del Gobierno Macrista, con presencia en las calles y apoyo explícito a los gremios hostigados por Cambiemos, mientras la conducción cegetista se transformaba paulatinamente en la agencia de noticias sindicales que es hoy; una máquina de imprimir documentos con “rechazos de plano” y “contundentes” o bien una mesa de negociación que intercambia medidas de fuerza concretas por bonos a discreción. Los hechos políticos concretos que produjo cada vertiente del sindicalismo hablan por sí mismos y, muy probablemente, esta contradicción al interior de la CGT  se exprese definitivamente en las calles. ¿Qué puede resultar de este contraste? La adivinación se la dejamos a Horangel ahora, la síntesis, desde la política concreta, puede ser realmente auspiciosa.

Mientras estas internas se dirimen la vida diaria de los Trabajadores argentinos sigue su trágico decurso: los docentes de la provincia de Buenos Aires en tres semanas de clases acumulan ya cinco días de huelga en reclamo de la apertura de la Paritaria Nacional y en defensa de la Educación Pública, Metalpar dejó  a 550 obreros en la calle, OCA se declaró en quiebra, Canale cerró su planta de la Llavallol y dejó 86 familias en la calle, Gaelle, DASA y COFCO enfrentan procesos de cierre con la consecuente resistencia de los Trabajadores. No son números fríos, son mesas sin platos de comida, es hambre planificada que se combina con el desguace de la Salud y la Educación Pública y la enajenación del patrimonio nacional en favor de la usura oligárquica. Y los ejemplos se multiplican: 7000 empresas cerradas en 2018, 12352 despidos y suspensiones sólo en enero y febrero de 2019, ERSA, Flecha Bus y Carrefour en concurso preventivo y 82 comercios por día cerrando en este recién parido 2019.*

Uno sólo de estos ejemplos justificaría el más virulento de los rechazos por parte de sus víctimas, pero el pueblo trabajador sabe cuándo ofrecer su sangre por su Patria y colige con sabiduría que si ese tiempo no llegó, es seguro que se aproxima.

El panorama se observa nebuloso, los dirigentes juegan su rol, a algunos se los demandan sus bases, a otros sus intereses mezquinos. La campaña electoral talla fuerte y la tarea de conformar un frente patriótico lo más amplio posible, si bien puede y debe ocupar a las cúpulas sindicales para recuperar la presencia del movimiento obrero en la recuperación nacional, no debe servir de anteojeras a la hora de visualizar y acompañar en la práctica las necesidades de quienes representan.

Estamos ante una movilización histórica este 4 de abril; el enemigo está de frente, ruge desembozado y riega de penurias la vida de millones de argentinos. Las internas deben ser consolidadas con la premura que exige la hora trágica, lo colectivo por sobre lo individual, las ambiciones patrióticas por sobre las personales. Militantes, estudiantes, obreros y dirigentes. Todos unidos en un mismo puño con la Patria por delante. Nadie muere en la víspera y la hora de enfrentar al monstruo se aproxima. Estar a la altura de nuestra historia es una responsabilidad de todos.

*Fuente: https://centrocepa.com.ar/informes/

Sebastián Jiménez
Sebastián Jiménez
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