El lugar musical de lxs que no tienen voz: Cumbia, redención y visibilidad en la Argentina del siglo XXI

Yegua, loca, torta

Sucia desbocada

Que tiemble la tierra

De pibas con ganas

De acabar bien pronto

Con estas violencias

Vamos a cortar

Con tanta indiferencia 

Lenguas insurrectas

Cuerpos castigados

Vivas y furiosas

Contra el patriarcado

“Vivas y Furiosas”, Sudor Marika.

Para lxs estudiosxs de la cultura y sobre todo de las artes musicales, ha habido en la historia de los géneros, los que se han relacionado de forma más o menos directa con la rebeldía de ciertas épocas determinadas. EL ROCK ha sabido posicionarse como el género rebelde número uno, siendo siempre un semillero de la contracultura desde su nacimiento hasta la fecha. Se pueden también citar géneros como el blues, el jazz, el rap, el candombe o la samba de Brasil, ritmos que se han relacionado casi automáticamente con minorías segregadas y grupos marginados de la sociedad y la exposición de sus legítimos reclamos, como fue el caso de la comunidad negra y los esclavos, entre los más significativos.

En nuestro país el rock supo dar lugar a la voz de la rebeldía de los jóvenes de los años ’60 en adelante, con figuras que supieron encabezar a las vanguardias sociales y políticas, grupos como Los Gatos, Moris, Sui Generis, Pescado Rabioso, Tanguito, León Gieco, Sumo, Bersuit Vergarabat, Attaque 77, entre los más conocidos, fueron quienes han dado como fruto temas tales como “Señor Cobranza” (reversión del grupo Bersuit Vergarabat de la canción de Las Manos de Filippi (de su disco “Arriba las manos, esto es un Estado”, 1998) donde  explícitamente se protesta contra el menemismo, “Western” (tema de Attaque 77 donde se conmemora al Dr. René Favaloro, 2003), “Los Dinosaurios” (canción de Charly García, quien en clave metafórica denuncia los crímenes de Lesa Humanidad perpetuados por la dictadura argentina entre 1976-1983), “Cinco Siglos igual” (con autoría de León Gieco, publicada en 1992, denuncia sobre la sangrienta conquista española en nuestro continente) o la emblemática “Marcha de la Bronca” del dúo Pedro y Pablo, quienes en 1970 supieron plasmar en este tema toda la insatisfacción acumulada en silencio.

Anécdotas tales como la canción “El mono relojero” del grupo Kapanga, quienes en 1998 compusieron este tema en respuesta al entonces gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, quien quiso cambiar los hábitos de la sociedad por decreto, con una norma que limitaba la actividad nocturna hasta las tres de la mañana en toda la provincia de Buenos Aires, a lo que este grupo de rock contestó “Andate a dormir vos, yo quiero estar de la cabeza, voy a tomar una cerveza y emborrachar mi corazón. Dejate de joder, si estás más duro que una mesa, pero yo estoy de la cabeza, somos los dueños del reloj”. No sólo la canción le está contestando a la medida de disciplinamiento del tiempo de ocio nocturno, sino también está exponiendo de forma explícita ese vínculo sospechado pero nunca confirmado legítimamente, entre Duhalde y el narcotráfico de drogas en la Provincia de Buenos Aires. Indiscutible es el lazo que el rock argentino ha tenido con la sociedad, acompañando, poniendo en palabras y ritmos, las problemáticas y las atmosferas de las diferentes épocas y climas sociales.

En una hipótesis, entre muchas otras, hoy en día parece que el rock ha abandonado por un rato su lugar rebelde para darle más rienda suelta a la experimentación y el trabajo desde las formas y los sonidos, más que al contenido social que el rock albergó durante larga data. Bandas como Los espíritus, Mi amigo Invencible, Usted Señalemelo, La otra cara de la nada, El mató un policía motorizado, entre las nuevas bandas más conocidas, que si bien, vale la aclaración, responden a un ideario político ideológico que se percibe en un recital en vivo de tales bandas, no se corresponde ello en sus letras, siendo el trabajo cuidado de la composición y el sonido más experimental lo que las caracteriza.

¿Qué género supo ocupar el lugar de rebeldía, contestatario y de denuncia hoy en día? Mi humilde hipótesis: LA CUMBIA, y todos los derivados que de ella se desprenden. El género de “la cumbia” o “música tropical” es mucho más viejo que el periodo que aquí se traerá a colación, que comienza con LA CUMBIA VILLERA. Y desemboca en la actual CUMBIA FEMINISTA ANTIPATRIARCAL. Hacia fines de los años 90’s, precrisis neoliberal menemista, la cumbia supo darle lugar a aquel sector de la sociedad excluido e invisibilizado por el sistema capitalista reinante en la década de la pizza con champagne: los denominados “villeros”. Este género musical supo darle identidad, orgullo de clase y posición dentro de la sociedad a ese sector que había sido completamente excluido socialmente, a quien se lo privó de derechos y a quienes no se los consideraba ni ciudadanos con obligaciones, sino que fueron a quienes se convirtió en el chivo expiatorio al que se estigmatizó, se culpabilizó y se responsabilizó de gran parte de las problemáticas en realidad devenidas de las inexistentes políticas sociales inclusivas y para todxs, porque si algo supo hacer bien el modelo neoliberal noventoso fue someter a muchxs para beneficio de unos pocxs, con la esperanza de que en algún momento algo “les toque”, algo “se derrame” (¿suena familiarmente actual?).

Hoy en día, si bien la cumbia sigue teniendo esta veta de identidad social y de clase, su camino de liberación e inclusión de los grupos históricamente invisibilizados, le ha permitido abrir caminos en la representación de las minorías sexuales disidentes que no han podido encontrar legitimidad en otros géneros musicales. El boom de las bandas cumbieras lideradas y abiertamente “gay friendly”, feministas y antipatriarcales son hoy moneda corriente., tanto aquí como en el resto de Latinoamérica: Sudor Marika, Las Grasas Trans, Tita Print, Duo Microcentro, Miss Bolivia, Kumbia Queer, Rebeca Lane, Bife, Sara Hebe, Chocolate Remix, Vaioflow, Sara Hebe, Renee Goust, entre los más conocidos, son algunos ejemplos de esta cumbia feminista que no se cierra en un género sino que se mezcla con la música electrónica, el rap, el tango, el punk, el rock, etcétera. Inclusión y heterogeneidad desde los musicalmente compositivo. Cantan por lxs que durante mucho tiempo no tuvieron voz, reivindican la inclusión, cuestionan estereotipos, mandatos sociales y las construcciones patriarcales que la cultura nos introyectó (la idea del amor u la pareja, por excelencia). Lo cantan con orgullo, con alegría, con muchos colores y brillos, se baila como forma de militancia y de empoderamiento. Como dijo el gran Carlos Jauregui (referente del activismo LGBT aquí en Argentina) en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política, y esta cumbia es orgullosa y … es política. Es política porque reivindica y da voz a un sector históricamente silenciado y ocultado, es política porque se une a todas las luchas históricas y actuales, porque ¿se escuchó alguna banda que desde lo musical le haya dedicado un tema de protesta a nuestro actual presidente, o que haya compuesto un tema en honor a las víctimas de los femicidios o que se haya pronunciado en favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo o que haya protestado en los angustiantes meses de búsqueda de Santiago Maldonado? No en otro género que no sea el de esta cumbia comprometida. Rebeca Lane al igual que Chocolate Remix tienen temas titulados “Ni Una Menos”, Sudor Marika le canta a nuestro presidente en el tema “Gerente de la Nada” o al aborto legal y a las inmigrantes mujeres víctimas de la violencia de género en “Porque se nos da la gana”, Dúo Microcentro denuncia el aborto clandestino en “Mi gata quiere abortar”, Renee Goust explica y discute lo conceptualmente erróneo que es termino feminazi en su tema “Cumbia feminazi” o el tema que compusieron Rebeca Lane y Vaioflow titulado “Velas y Balas” donde se trabaja tanto la desaparición forzada de Santiago Maldonado, como el crecimiento del accionar de las fuerzas represivas en las protestas sociales en toda Latinoamérica .… y la lista podría continuar.

Digámoslo bien fuerte: la relación cumbia problemática sociales y de género con un tono de denuncia y deconstrucción, ya está en pleno auge y explicitación. Por más está nombrar aquellos temas donde se postula el orgullo como insignia y el cuestionamiento a la heteronorma naturalizada como “Egosexual” de Dúo Microcentro, “Vení a  sudar”, “Está todo bien”, “Cuento de la Infancia” de Sudor Marika, “Bien Bow” de Chocolate Remix,  “Libre de Mí” de Bife, oda al amor libre y el cuestionamiento a la monogamia, entre los más ponderantes. Algo interesante de destacar es también el tono paródico y de trabajo revisionista, incluso, dentro de la propia música local o las estilemas que caracterizan algunos estilos tradicionales, como realiza el grupo Bife con el tema “El piropo”, donde se toma el tango para deconstruir la imagen femenina que este género creó décadas pasadas (o se era la puta, o se era la madre) y desarma el discurso del clásico piropo, exponiendo los argumentos que desestiman al piropo como algo positivo y dándole el claro mote violento que tiene el correctamente llamado acoso callejero, hasta recuerdan citar al señor Mauricio Macri, quien muy jocosamente declaró públicamente “En el fondo, a todas las mujeres les gusta que les digan un piropo, aquellas que dicen que “naaa, que me ofende”, no les creo nada, tampoco hay nada más lindo que te digan “que linda sos” por más que esté acompañado por una grosería, no sé, que te digan “que lindo culo que tenés”, está todo bien”. LEER PARA CREER. Aclaremos algo, ESTÁ MAL, diría Alberto Kornblith, primero: no hable en nombre de las mujeres, señor presidente, porque no es mujer: segundo, no generalice porque cada persona es distinta a otra; tercero, no cosifique a la mujer como un objeto que espera la aprobación de la mirada masculina; cuarto, a usted nadie le cree nada; quinto, no está nada bien.

Que no nos quiten la alegría, las ganas de luchar, de militar por la igualdad, de ser empático con lxs otrxs, de querer volver a un sentido más comunitario de la sociedad (cosa que trae el feminismo en sus bases) y desapegarnos de la individualidad como forma de vinculación social, que el neoliberalismo nos dejó. Esta cumbia feminista, comprometida, antineoliberal, anticapitalista, antipatriarcal vino para instalarse como el discurso musical contestatario de las opresiones que estamos viviendo como sociedad: las económicas, las sociales, las políticas y las de género. Bailemos como forma de militar desde la inclusión, la alegría, la organización, el amor y la tolerancia, que el odio, la incomprensión y la falta de empatía, se la queden los del otro lado. La historia política, cultural y artística de nuestro país y de la Patria Grande algún día dará cuenta de este momento histórico y que lindo va a ser encontrarnos del lado correcto.

Rocío Rivera
Rocío Rivera
rocio@huellas-suburbanas.info