El grito que cada vez es más fuerte

El 3 de junio ya es histórico. Hace 3 años ya que esta fecha simboliza más que el advenimiento de la segunda mitad del año. Corría el año 2015 cuando era noticia la muerte de Chiara Páez, asesinada y enterrada en el patio de la casa de su novio. Tenía sólo 14 años y estaba embarazada. “Nos están matando. ¿No vamos a hacer nada? #NiUnaMenos”, publicó en twitter la periodista Marcela Ojeda. Y allí comenzó todo.

El colectivo #NiUnaMenos comenzaba a marchar, la sociedad ponía a gritos el deseo de parar con los femicidios, que eran moneda corriente pero silenciada por una sociedad que miraba sin ver. Una mujer muere cada 30 horas, ese número no baja, pero la visibilización de la falta de organismos desde el Estado se hace cada vez más evidente, y sobre todo en estos momentos de crisis política e institucional. Las injusticias, atrocidades, desigualdades que pasaron y pasa este gran sector social que conformamos las mujeres  se empoderó de un sentimiento de hastío hacia una situación insostenible desde lo social, lo cultural, lo político y lo económico. Porque comenzó como un reclamo hacia la violencia física y mortal hacia las mujeres, pero que con el correr de los años se fue complementando con la toma de conciencia de todos los derechos que nos deben y de todas las inequidades a las cuales se nos somete por pura naturalización de un status quo patriarcal y conservador.

Este 4 de junio, desfasada un poco la fecha original del reclamo, cientos de miles de personas se reunieron en distintas plazas del país para decir #NiUnaMenos y #AbortoLegalSeguroyGratuito, otra de las consignas emblema de la lucha feminista. Llamar a las cosas por su nombre (piropo es acoso, el amor no duele, femicidio en vez de crimen pasional, entre otros lemas) nos habilita la toma de conciencia de todo aquello que por natural, no cuestionábamos sino que aceptábamos como parte de las reglas del juego de lo social. Comenzar a deconstruir todo aquello que nos rodea, para lograr ver las relaciones de poder que entretejen el entrado social que nos encierra, se vuelve hoy una necesidad vital. Entender como la red social, cultural y política que nos enrosca en una rueda de tensiones de género que trastocan los vínculos relacionales más básicos es ya una decisión política e ideológica en pos de una sociedad más justa e igualitaria.

Dejar de culpar a las víctimas por el hecho de ser mujeres, justificando la opresión de esa figura del machirulo berreta, romper con las cadenas de una comodidad ficticia de que las relaciones amorosas, laborales, etcétera, deben ser de tal o cual manera, es una decisión difícil de llevar adelante, pero enriquecedora para comprendernos a todxs como sujetos de poder, llenxs de derechos y obligaciones. Deconstruir los ideales, los imaginarios sociales y los estereotipos que sostienen las actividades políticas y económicas que, lamentablemente nos determinan, es indispensable para asumir el momento histórico y de cambio que estamos atravesando.

Este año se habló por primera vez, en la televisión abierta y en un horario de audiencia masiva, del feminismo, de la igualdad, del aborto y del misoprostol. Se habló sin ataduras y con la conciencia de que por allí va el cambio que necesitamos. Entender que un hombre, solo por ser hombre, no debe ganar mejores sueldos por el mismo trabajo. Entender que la maternidad es una decisión consciente y no una cuestión biológica y cronológica. Entender que el matrimonio no es el sueño a cumplir. Entender que estar en pareja no es mejor que estar solx, entender que el “amor” no duele, no cuesta y que no es una cuestión de “aguantar” y ceder, entender que el adjetivo “macho” y “caballero” encubre muchos mecanismos de sujeción y de opresión, entender que la sexualidad es una actividad que requiere de concientización para todxs, entender que los métodos anticonceptivos son responsabilidad de todas las partes de una pareja, entender que los celos no es amor, entender que los golpes no son una demostración de cariño, entender que si te denigran o si alguien no te hace sentir bien, no es tu obligación quedarte porque el “amor” no tiene que durar para siempre como nos vende la cultura hegemónica, con sus productos ideológicamente conservadores en circulación, entender que la orientación sexual es una decisión personal e individual,  nos libera de tener que tolerar muchas de las violencias simbólicas, físicas y psicológicas que llevan, en ultima instancia, a los femicidios contra los que estamos luchando.

Parece muy básico recordar todas estas consignas, pero la realidad, y hablo desde la experiencia de trabajar con niñes y adolescentes y estudiar las cuestiones de género dentro de los diseños curriculares que conforman nuestra escuela, es el lugar donde estos estereotipos circulan, se afirman y se internalizan, por eso hay que cuestionarlos repetidamente y a viva voz, para que no se estanquen en lo cotidiano. BASTA DE FEMICIDIOS, BASTA DE TRAVESTICIDIOS, BASTA DE DISCRIMINACION, BASTA DE DESIGUALDADES LABORALES, BASTA DE LA TRATA DE BLANCAS, BASTA DE MUERTE POR ABORTOS CLANDESTINOS, BASTA DE PATRIARCADO. El patriarcado mata, pero el matriarcado lo combate con amor, sororidad, respeto y empatía por todes. Como diría Fito “no creo en casi nada que salga del corazón” y así es, la revolución feminista que estamos viviendo es puro amor, amor por lxs otrxs como sujetos deseantes y llenxs de derechos igual que unx, amor por la vida, amor por la igualdad y amor por las diferencias que nos enriquecen.

Rocío Rivera
Rocío Rivera
rocio@huellas-suburbanas.info