El Fin del Idílico Sueño de la Pequeña Burguesía

Por: Mesa provincial “Severo Chumbita”, Catamarca

Si los designios de la Patria están condenados a ser un país semicolonial sin resolver su tarea inconclusa, que es romper la hegemonía del proyecto de país agroganadero exportador de materias primas básicas y a las que, salvo algunas ocasiones, se le suma un valor agregado que no significa nada en la cualidad sino en la cantidad, es menester recordar que en esa disputa comenzó desde 1810 con el Plan del Operaciones de Moreno para ser un  país agro-ganadero industrial – vetado por la oligarquía, veto que luego fuera confirmado por distintos gobiernos que siguieron el mismo derrotero marcado por la oligarquía parasitaria ausentista, la cual reafirma su poder con la creación en 1822 del Banco de Descuentos, cuyo directorio era inglés, dependiente de la Banca Baring, que había otorgado al país el primer empréstito.

Ahí se consolida la dependencia y la toma de deuda externa con capitales ingleses. Este modelo es el que va a llegar a oprimir al resto de las provincias, salvo pequeños interregnos históricos, políticos, sociales y económicos que llevaron a cabo nuestros caudillos en sus luchas agonísticas ante el poder unitario del puerto de Buenos Aires, con un comercio librecambista y a su vez con un colonialismo pedagógico y cultural creado a imagen y semejanza de la rancia oligarquía vernácula. Que luego de la gran traición que sufriera el interior profundo por uno de los comandantes a cargo de la Confederación, el general Urquiza, quien se retiró a sus aposentos negociando con los intereses ultramontanos de esa clase que siempre estuvo presente, se rompió el sueño federal y volvió a irrumpir la oligarquía conservadora librecambista proimperialista, profundizando la dependencia y pauperizando al resto del pueblo de tierra adentro o a “los catorce ranchos” en manos de una pandilla de filibusteros.

Luego apareció la Belle Epoque y el primer Centenario, época en la cual se exponían el desarrollo agronadero exportador desde la Sociedad Rural, con la “créme de la créme” brindando en el Jockey Club. Se crea ahí un Patriciado. Pero aquel sueño de la Belle Epoque se esfumó con el Crack Financiero de 1930.

Entonces esos mismos sectores fueron a mendigarle a Su Graciosa Majestad para poder seguir exportando, porque habían decaído sus pingües ganancias, en tiempos en los que, por cada diez cabezas de ganado, había un habitante. Ante esta pobreza de densidad poblacional y la pauperización de las provincias, se fueron agudizando las asimetrías donde las riquezas y la gran opulencia se concentraban en el Puerto y cierta parte del Litoral, mientras decaían las pequeñas y medianas industrias precapitalistas, dado que las mismas eran invadidas por la importación del Imperio Inglés. Cada vez más se acrecentaba la deuda y a su vez los grandes imperios embolsaban las riquezas del mundo periférico, en el cual nos encontrábamos nosotros.

Con el advenimiento del Yrigoyenismo, entendido a éste como primer Movimiento Nacional a través del acceso al voto universal y secreto, que se le arrebató a los intereses de los partidos conservadores -que representaban a las clases anteriormente mencionadas- se pudo desarrollar una incipiente economía de corte nacional pero sin romper la hegemonía del comercio exterior y los grandes latifundios, cuyos dueños vivían en la “Ciudad Luz”, París. Y cuando irrumpió el 17 de Octubre ese “aluvión zoológico” caracterizado por la izquierda cipaya, la sociología y la intelectualidad, Victoria Ocampo, Borges y Cortázar en un nuevo contexto histórico, con un salto dialéctico cuando se comenzó a consolidar un Estado nacional, soberano e independiente que regulaba el comercio exterior e interior y brindaba ciencia, tecnología, educación y salud al servicio de las grandes mayorías, y en simultáneo lograba ir saldando la deuda externa contraída en 1822, llegamos a dejar de ser un país deudor para pasar a ser un país acreedor, dado que le dimos de comer a España, Bélgica, Holanda… y nunca devolvieron ni una rupia.

Con la Revolución Fusiladora caímos en el Plan Prebisch, que en un pequeño opúsculo, Arturo Jauretche lo define como el “retorno al coloniaje”. Ahí ingresamos por primera vez al FMI. Esta dependencia irá acrecentándose por la toma de deuda y el ingreso de capitales extranjeros multinacionales para hacer inversiones en lugares estratégicos de nuestra riqueza del subsuelo de la Patria, generando más ignominia y sumisión al conjunto del pueblo trabajador.

Vinieron golpes de Estado y aperturas democráticas, pero que no resolvieron la cuestión nacional, que se puede sintetizar del siguiente modo: Que el sujeto de la historia que le fuera arrebatado a los dos movimientos nacionales, esto es, una clase, socia menor en los negociados, la pequeña y mediana burguesía, timorata y ambivalente, no pasa a ocupar el puesto de ser la protagonista de ese sujeto histórico. La historia no se hizo con las tres virtudes teologales, se hizo con las grandes luchas y eso se llama Lucha de Clases.

Las otras tareas que no se cumplieron son: la nacionalización de la banca y el comercio interior y exterior. Sin consolidar de una vez y para siempre la industria, no tan sólo nacional sino sus aplicaciones en los distintos ámbitos para ser un país independiente y desarrollar una conciencia nacional y latinoamericana basada en nuestros pensadores y libertadores y no seguir siendo el fiel reflejo de espejarnos como fue en un principio en Europa, sino ahora en el Imperio del Norte. Hubo un período donde se realizaron las “relaciones carnales” y hasta se vendieron “las joyas de la abuela”. Luego surgieron todo tipo de recetas sugeridas por el Banco Mundial, el FMI, el Club de Paris y el G8, teniendo como resultado el Blindaje, el Corralito y el Default del 2001. Surgió una consigna política “que se vayan todos”… y luego de una década de intervalo, lograron restaurar a la misma dirigencia obsoleta y decadente ocupando las bancas, gobernaciones y la presidencia.

Hoy en día, vemos a este triste e indolente personaje danzando como un bufón de la corte del Imperio Norteamericano para agradar a sus opresores, declarándose “enamorado” de Christine Lagarde y con es desparpajo de invitar al pueblo argentino a ser parte de ese poliamor, que no es el sueño de Cupido sino el sueño del Imperio. Un Presidente que enajena no tan sólo la soberanía económica y política y desprecia a nuestra moneda, a cambio de un nuevo empréstito para volver a consolidar ese sueño perenne de la oligarquía, el modelo agroganadero exportador, sumiendo en la barbarie y la más grande de las ignominias al conjunto del pueblo argentino.

Está en las manos y en la decisión de lucha del pueblo trabajador el transformar esta larga y oscura noche y construir un nuevo destino donde en el horizonte se ilumine con una luz prístina, para echar por tierra todas las antiguallas de este poder obsoleto. Retomar el pensamiento de nuestros libertadores y en especial de ese gran caudillo, Felipe Varela, que no sólo luchó por la Patria Chica sino que tuvo el sueño de concretar la Unión Americana, tarea a cumplir que quedó una vez más inconclusa, porque no se consolidó la Revolución Nacional, donde el único sujeto histórico serán los trabajadores. Y como decía el maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, “o inventamos o erramos”… hasta de una buena vez,  terminar con el Lecho de Procusto.

Ricardo Solohaga
Ricardo Solohaga
Ricardo.Solohaga@huellas-suburbanas.info