El Camino

El camino como una metáfora de la vida,

de acuerdo, ¿pero de qué vida estamos hablando?

¿De la vida ralentizada de esta sociedad,

que ve morir su pasión suspendida en el aire

antes de parir las incógnitas que lo eleven,

entre alaridos y media sonrisa,

entre límites y traiciones?

¿De la vida que transcurre en la opacidad

de tantos colores estallando y siendo nada,

torturando su genio, encerrado y celado

por la soberbia de una primavera irreverente?

Digerido por el ansia de un otoño primoroso y sus creaciones,

por ventanales enormes frente al mar

entre olas bravías y acantilados helados,

entre café y blue label,

entre pitadas, ásperas amarguras e inspiraciones.

¿Será la vida de aquel camino y no de éste?

¿Será aquel camino de hace cien siglos en la otra vida,

del que no recuerdo más que la inconsciencia,

los instintos, el cordero y el caníbal

la certeza minimal y el fuego que cegaba

el interés futuro por algo que soñaba con ser ciencia?

Si la vida es un camino entonces debería soñarlo,

con sus bordes y sus desniveles,

como el revés de un estuario,

como mi falda sin ruedo y mi camisa sin hilvanar

como una iglesia con las persianas bajas y la llave puesta,

una cárcel incitándome a pasar.

El camino de la libertad como constricción del placer,

un camino donde el único alimento es tu hiel.

El camino a la escuela de aquel niño

que no puede pasar entre las cobras,

hasta que alguien le enseñe a saltar

y esperar a que miren el cielo,

que larguen al aire su veneno

y entonces pasar sonriendo.

¿Por qué pasar entre las cobras?

¿Por qué este camino?

Por el puente no hay lugar,

los atajos son cenagales tristes,

las alcantarillas son para las ratas.

Si la vida es un camino, que sea éste.

Entre aves de rapiña y colibríes enamorados, entre mirandas y naranjos,

entre el vómito y el terror,

transitando el horizonte entre tu boca y tu cuello.

Sebastián Jiménez
sebastianjimenez@huellas-suburbanas.info