El 38

Corría el año 2018 cuando llegó al congreso argentino un proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Pasó a la cámara de diputados sin pena ni gloria porque, quizás la militancia anti supuso que no iba a lograr los votos suficientes. De repente 131 voluntades se alinearon frente a otras 123 y salió de la cámara un proyecto aprobado, fue así que llegó al Senado en una noche fría como pocas, una bomba que ya no podría ser desactivada. Pero claro, eso lo sabríamos con el tiempo….

En aquella larga noche la negativa se alzó con 38 votos y nos quitó la posibilidad de hacer realidad la consigna: Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir, que venimos hace mucho tiempo entonando detrás de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. De aquella epopeya les traigo al recuerdo el argumento que considero más insólito,  vertido por el Dr. Albino, quien dijo que el preservativo no era útil para la prevención de infecciones de transmisión sexual “porque el virus atraviesa la porcelana” (TEXTUAL)

Pasaron los años, vino la pandemia, las prioridades legislativas respondían a esa situación y cuando iba desfalleciendo el año, casi ya sin esperanzas de que ese proyecto (como tantos otros) pudiera tratarse en el recinto, casi con el último aliento, volvió a ser presentado. Esta vez el número mágico se invirtió, el proyecto se aprobó por 38 votos. El movimiento de mujeres se ha convertido en una piedra en el zapato del poder, y ese número mágico al ser consultado en la quiniela, justamente significa “la piedra”.  La frase seleccionada en esta oportunidad entre los relatos en contra, fue compartida por el Dr. Young, quien se mostró confundido por la posibilidad de que la ley permitiera practicar interrupciones del embarazo hasta los mil días. Por si hiciera falta aclaro que el proyecto de interrupción fue presentado conjuntamente el proyecto de los “1000 días” para acompañar a las personas con capacidad de gestar que decidieran continuar con la misma pero presenten alguna dificultad o vulnerabilidad para la crianza durante esos 1000 días. El tema es que el señor se dedica a fertilización asistida, lugares donde “guardan” óvulos durante años, demás está aclarar que cobran por ese servicio y que en ese caso no se trata de “bebitos” sino de óvulos fecundados. ¿A quién se le ocurriría “meter a un bebito” en un freezer, no es cierto?

Que nadie crea que esta lucha termina con la ley, vendrán otras. El primer paso es liberar de las cárceles a quienes han llegado ahí por abortar y a quienes han asistido en esas situaciones. Luego vendrá el desafío de aceitar la máquina para que el procedimiento pueda ser accesible.

La batalla legal probablemente no será emprendida con mucho énfasis porque está perdida, excepto en Chaco donde ya se ha expedido el poder judicial en relación a su inconstitucionalidad.  En Salta la justicia no hizo ese guiño, prefirieron encarar la otra estrategia: las objeciones de conciencia que alcanza al 80% de la nómina de profesionales, dejando a 19 en toda la provincia para garantizar este derecho.

Sin dudas, la batalla más ardua será con la mirada inquisidora de la sociedad, con el maltrato y la manipulación que sucede en las cuatro paredes de un consultorio, frente al mostrador de una farmacia, en la viscosidad del sistema sanitario que sube por la escalera mientras que las necesidades van en ascensor. No olvidemos tampoco la  intervención directa sobre nuestros cuerpos como sucedió la noche del 26 de enero en la ciudad de Mar del Plata. Una integrante de la Campaña Nacional (antes mencionada) recibió un golpiza mientras era insultada y calificada como “mata bebés” por llevar un barbijo verde. El chofer se dirigió hasta la sede policial y se radicó la denuncia correspondiente.

Festejamos la sanción de la ley, pero no comemos vidrio: el patriarcado en tanto sistema opresivo sigue vivo. Aunque le hemos asestado una puñalada certera,  está herido, sabiendo que lo vamos a tirar: está furioso y lo peor de todo es que aún está de pie. A resistir pues…

Soledad Verónica Abella
Soledad Verónica Abella
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