Educación. De promesas y engaños…

No son tiempos fáciles, sin lugar a dudas. Pero tampoco lo fueron los de Alfredo Bravo, Isauro Arancibia e incluso aquellos de ese puñado de mujeres y hombres, muchos metidos a sindicalistas muy de apuro, que sostuvieron la huelga docente en 1958, logrando una Ley, avanzada para su época y mancillada cien-mil-veces en los tiempos recientes (el Estatuto del Docente de la provincia de Buenos Aires). Es cierto que, como en el caso de los primeros recordados, no es lo mismo enfrentar a una dictadura (armas en mano incluso, como finalmente lo hizo defendiendo la sede del sindicato del que era Secretario General y muriendo en la patriada el mismo Isauro en la noche del veinticuatro de marzo de mil novecientos setenta y seis). Para poder desempeñarse en esas horas sólo hacía falta valor, “agallas”… y vergüenza. Hoy hace falta muñeca (incluso, inflable…). Las cosas cambian.
Y seguramente lo supieron (y tal vez se equivocaron) hombres como Alfredo, cuando ya en democracia se sumaron a la tarea de representar al gobierno ante sus antes compañeros de lucha, en la ilusión de concretar aspiraciones. Sé que no es fácil asumirse a la hora de negociar.

“Haz que tu vida sea Campana que repique” (1), les diría a nuestros paritarios.

Pero “Perdé la ilusión de hablarles a tus interlocutores ministeriales. Hablále al ´gran público´”.
Lo que sucede es que, en tiempos de fuerte presión mediática, de terribles compromisos político-partidarios, ser representante sindical es mucho más complejo que ser funcionario e incluso Presidente o Gobernadora. Por ahí, mentir, es fácil. Nadie, en todo caso, podrá desarrollar argumentos para probarlo. Y tener poder para hacer justicia.
Si tenés que presentarte como líder de un sector castigado históricamente, como el de los trabajadores de la educación, y seguir siéndolo (en esa inveterada costumbre de los modernos gremialistas) cuando cambia la camiseta (pero no las mañas) el gobernante de turno, tratarás de simular que la vas de duro (cuando estás enganchado), que te preocupa el mísero salario (heredero insuperable del que negociaste hace un lustro atrás) de tus representados, que hay recursos genuinos para los trabajadores (las cuentas bancarias de los dueños del poder económico) si hace pocos años verseabas a tus propios compañer@s con lo exiguo de “la masa salarial” disponible, transformado en vocero del Ministro de Economía cuando ibas a reclamar en las asambleas amañadas que te aprobasen una negociación “a la baja”…
No quisiera estar en tu pellejo.
Mirá si, porque la historia tiene esas cosas, se llegase a dar vuelta la taba y la

Señora de ojos vendados . . . “a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.” (2) se recupera…
Si junto a esos mandatarios, miembros de cualquiera de los grupos cartelizados de políticos corruptos que persiguen a otros por corruptos, junto a los desvergonzados “compañeros” de la clase sindical que (horror le daría a Agustín Tosco) integrás y la banda de “comunicadores mediáticos”, te vieses, de repente, sin maquillaje, frente a un pueblo, que ya sin venda en los ojos y sin mordazas, te repita:

“Que se vayan todos… ¡Que se vayan todos YA! (3)

(1) Nicolás Guillén – “Palabras fundamentales”
(2) María Elena Walsh – “Oración a la Justicia”

(3) El pueblo – Crisis de 2001 / 2002

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