Editorial: Con los naipes marcados

Si de profundizar la pobreza de las mayorías, envilecer el equilibrio de poderes, pauperizar la calidad de la información brindada a la ciudadanía desde los grandes conglomerados mediáticos y desangrar el futuro nacional se trata, estamos transitando el más veloz de los caminos.

El inicio de 2017, lejos de una soñada “estabilidad” que casi nadie se creía pero muchos vociferaban, vino con un recrudecimiento de la violencia simbólica impartida desde las más altas esferas del gobierno nacional y su vasto componente de aliados internacionales, locales, regionales, políticos, empresariales, judiciales y de servicios de inteligencia. Resume Eugenio Zaffaroni que “Todo parece indicar que marchamos a pasos acelerados hacia un deterioro creciente del Estado de Derecho”.

Y en el mismo lodo, sucumbimos a diario, todos manoseaos…

No hay límites para los recortes de los derechos sociales. El Ministro de Trabajo se ocupa de terciar a favor de los empresarios en cada conflicto laboral. El representante de la Shell en Energía nos conmina a usar poco la televisión y, en lo posible –y-tiene-que-ser-posible, limitar o tornar “eficiente” el uso de luz eléctrica. Mientras disfrutan de sus recurrentes períodos vacacionales, integrantes del gobierno tienen la audacia de denunciar que, supuestamente, en este país “no trabaja nadie” y se podrían enumerar dislates y provocaciones similares que se suceden absolutamente todos los días.

Mientras multiplican el ya incalificable sainete multimediático judicial de distracción tan permanente como eficaz, Argentina se sume en un descalabro económico que permite avizorar un panorama sombrío para los próximos años… o décadas.
Para concretar el negocio completo, harán los más variados esfuerzos, con presiones y hasta eventuales “carpetazos” de ser preciso, para cerrar nuevamente paritarias a la baja, en sintonía con el reclamo de la rapiña capitalista multinacional de “abaratar costos de producción”.
Frente a tamaño escenario, el siempre claro y valiente Alfredo Zaiat, detalla en su nota del 29/01 en Página/12: “Casi 500 mil millones de pesos, sumaron el déficit fiscal del año pasado. Ese desequilibrio fue cubierto con emisión monetaria y con mucha deuda. Pese a las promesas de Nicolás Dujovne, cuya tarea es la de controlar las cuentas públicas, el desequilibrio de 2017 seguirá en niveles muy altos. Es un sendero de deterioro conocido donde los banqueros exigirán el ajuste fiscal para seguir prestando y cobrando por ese dinero tasas altísimas…”

Mientras tanto…

¡Estamos de parabienes! Buena parte de nuestra sociedad blanqueó su xenofobia y racismo tan inherentes al núcleo duro de quienes integran esos segmentos socioeconómicos que, a no confundirse ni sorprenderse, constituyen un drama irresuelto que viene de lejos y hasta se lo puede considerar una marca de origen en una parte más que considerable de la sociedad argentina. Toda condena, por más injusta y parcial que sea, contra un ciudadano oriundo de países limítrofes del noroeste y noreste, minorías varias, adolescentes pobres y en lo posible de tez morena o líderes populares de “facciones indeseables” como es el caso de la presa política Milagro Sala, serán criminalizados y estereotipados de la peor forma, ahora y por un largo tiempo. Lo cual constituye una impecable garantía de continuidad del modelo cultural tan apetecible para el gran negociado transnacional, más allá de los límites que pueda tener la actual gestión de Cambiemos.

Y por casa, ¿Cómo andamos?

Con apenas algo más de un año de gestión macrista, no puede escapar a ningún análisis el fracaso del movimiento nacional y popular para ponerle coto a la avanzada neoliberal –con marcadas aristas fascistas- en este tiempo. Un poco por inacción, otros por colaboracionismo y otro tanto como producto del estado de confusión y de falta de rumbo largamente evidenciado. En términos generales, se nota y mucho la ausencia de un proyecto orgánico, incluso plasmado en un programa completo no sólo de gobierno sino de modelo de país. De paso y no es un dato menor, que ejerza de guía hacia la depuración de quienes realmente no estén dispuestos a transitar ese camino y diluya las pujas internas que vienen erosionando al bloque nacional, como mínimo, desde hace unos cuantos años.

Están echadas las cartas. La mano no viene muy buena que digamos. Sólo una inmensa presión de la clase trabajadora puede empardar la cosa contra un adversario que juega con los naipes marcados.
Más adelante desmenuzaremos la importancia y los alcances reales que puede tener pensar el 2017 sólo en términos de acuerdos electorales. Por ahora, manos a la obra, hay que evitar una catástrofe popular en estos primeros meses de un año que se avizora áspero, conflictivo e, incluso, violento.

Daniel Chaves
Daniel Chaves
dafachaves@gmail.com