Dos discursos, dos realidades

Por: Gustavo Zapata  

Secretario General CTA Morón Hurlingham Ituzaingó

En estos interesantes días, hemos sido testigos de dos momentos históricos, obligados en el caso de la cadena del Gerente Presidencial, furtivos con el alegato histórico de nuestra Vicepresidenta electa.

De un lado, una catarata de lugares comunes y mentiras editadas, con lindas imágenes de propaganda dignas de cualquier fábrica cinematográfica, de esas que hacen videítos para vender desde un caramelo hasta un país.

Además de falsear datos económicos, ningunear resultados sociales y laborales, obviar realidades infantiles y jubilatorias, desconocer o des-responsabilizarse por los estropicios efectuados, ejercitar el cinismo institucional en temas como justicia, medioambiente, espionajes, extorsiones, censuras, asesinatos alevosos y ocultados, falta de respeto a los DD.HH y sus defensores, promoción de verdugos, amenaza a sindicalistas, intento de ocultamiento de negociados multimillonarios, entrega de tierras, soberanía y todo lo redituable a amigos y entenados… habrá mucho material para libros durante décadas de todo lo realizado, y faltante en el balance del señor que puso la cara y se puso la banda al hombro.

Del otro, una mujer sola frente a un tribunal y una causa elaborada durante años para destruir a su familia, prestigio, patrimonio e integridad. Y esa mujer (ESA Mujer) realizó la proeza de desmontar pieza por pieza cada falsedad, dejar en evidencia todas las trampas políticas y las operaciones nauseabundas de publicistas y togados para derrumbar su humanidad, con el sólo recurso de una oratoria (¡PALABRAS!) que sonaban a dinamita sobre cada muro alzado en su contra. Sin lugares comunes, con la inteligencia afilada y apelando a ramalazos históricos de otras epopeyas, puso en su lugar a los que la acusan invirtiendo los banquillos y ejerciendo el martillo de las verdades, como sólo puede hacerlo alguien que sabe lo que está en juego, que no es sólo su dignidad, sino la de todos y todas las que ya la absolvimos porque la conocemos y fuimos beneficiados por sus obras.

Es preciso tomar dimensión de estos hechos, del contenido y valoración exacta de lo vergonzante y lo épico para calibrar el inicio de esta nueva etapa.

Sabemos, porque hemos visto el libreto en acción en otros escenarios, del minado y los mecanismos puestos a prueba desde Honduras hasta Bolivia, pasando por los ejercicios en Venezuela y la experiencia ganada en Libia y Siria. Reconocemos a los actores y sus papeles en la conspiración eterna para impedir la disminución de sus privilegios, conquistados a sangre ajena y fuego, siempre con víctimas del mismo lado.

Debemos prepararnos para una coyuntura que requiere de mucha épica, de una voluntad educada y disciplinada para sostener contra el viento de un mundo injusto, banderas cuya densidad tiene el cuerpo de nuestro pueblo. No tenemos derecho a improvisar ni tiempo para desperdiciar esfuerzos en dividirnos por contradicciones secundarias, demandas destempladas y a contramano del gran camino a construir. Si nos hemos ganado, refrendando cada palabra con la fuerza de nuestro ejemplo, un puesto de construcción y un casco de albañil para ser parte de esta esperanza que hicimos a mano y espíritu, somos los garantes de más unidad, más solidaridad y organización.

Y el discurso de la mejor estadista que produjo nuestro pueblo en las últimas décadas cobrarán el sentido de materializarse en todas sus dimensiones: ellos deberán responder por sus atrocidades. Nosotros debemos hacer posible un país para todos y todas.

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