Diversidad, cambio y permanencia en las unidades familiares Campesinas. Resistencia, luchas y avances (última parte).

Sometidas a procesos externos y presionado por factores internos, las familias campesinas despliegan diferentes tipos de estrategias a fin de poder darle continuidad a la unidad doméstica – productiva, y así lograr la alimentación a sus miembros, desarrollar actividades productivas y si es posible aspirar a una cierta capitalización.

La persistencia implica mantener las características básicas que distinguen a este actor y lo diferencian de otros tipos sociales mientras que las transformaciones involucran una situación de flujo desde y hacia otros actores sociales. En ocasiones, la persistencia, como se analizará en párrafos siguientes, involucra el despliegue de estrategias de tipo resistencial en las cuales, a partir de variables estructurales e intervinientes, específicas de cada productor, persiguen como objetivo la continuidad de la familia campesina inserta en un territorio dado. Si bien las variables estructurales, que caracterizan a este actor, son comunes a todos los productores campesinos; escasez de tierra, escasez de capital, escaso poder de negociación en el mercado, abundante mano de obra… por su parte las variables intervinientes son diferentes en cada caso (tipo de tenencia de la tierra, número de miembros de la familia, pertenencia a organizaciones, grado de vinculación con los poderes políticos locales, etc.). Estas últimas variables condicionan los caminos a seguir para alcanzar los objetivos propuestos. De esta manera la persistencia va acompañada de una cierta heterogeneidad interna donde se hace difícil hallar unidades típicas.

De este modo, mientras que existen campesinos que se vinculan a las empresas transformadoras realizando monocultivos, otros por el contrario integran diversos subsistemas, pecuarios y agrícolas, y dentro de los agrícolas se cultivan especies perennes combinadas con anuales (yerba mate junto a árboles frutales y mandioca). Incluso se combina la producción con la caza, pesca y recolección. Es así como mientras existen familias productoras que producen todo aquello que consumen (cultivos de huerta, frutales, mandioca, etc.) otros venden todo lo que producen, comprando sus alimentos en el mercado, aspecto que nos remite a cierta vulnerabilidad en la soberanía alimentaria. Por su parte los procesos de transformación y cambio implican el pasaje de este actor hacia otros tipos sociales. Es posible que los productores campesinos se transformen en trabajadores permanentes. Este proceso, que puede ser paulatino y con ciertas disrupciones, implica que los ingresos de la unidad campesina dependen cada vez más de la retribución por la ejecución de actividades extra prediales, que de la realización de actividades productivas en la unidad familiar con destino a la comercialización.

En los últimos años la dificultad en el acceso a la tierra, la disminución en el precio pagado al productor por  los productos agrícolas destinados al consumo interno (yerba, té, tabaco, hortalizas)  junto a posibilidad de obtención de ingresos monetarios a partir de la adjudicación de planes sociales – Planes trabajar, asignación por hijo, becas estudiantiles – hace que muchas veces los ingresos provenientes de la producción y comercialización pierdan importancia relativa frente a otras fuentes de ingresos monetarias.   En ocasiones el predio sólo presta el servicio de alojamiento y se cultivan espacies hortícolas, frutales y crían animales para el autoconsumo. Resulta particularmente importante destacar el flujo del tipo social trabajador al tipo social productor campesino. En este sentido se puede analizar la experiencia de un grupo de trabajadores tareferos –cosechadores de yerna mate- en el distrito de Montecarlo, Misiones, los cuales se hallan desarrollando experiencias productivas individuales en un marco del uso del espacio de modo asociativo. Dicha experiencia surge por varios motivos, entre ellos las de incrementar los ingresos como trabajadores en un contexto de caída en la superficie implantada de yerba, y la consecuente merma en la demanda de cosecheros, pero a su vez la de “volver” a desarrollar estrategias productivas ya para criar animales y cultivar diferentes especies hortícolas, yerba mate, árboles frutales con destino al mercado como para autoabastecerse de los productos de consumo doméstico. En este caso la motivación de encarar esta experiencia a partir del desarrollo de estrategias agroecológicas se relaciona con; a-  sus experiencias previas, por ejemplo, las intoxicaciones con agroquímicos, b- el enfrentamiento con el modelo imperante, los monocultivos, y c- la posibilidad de venta de productos libres de agrotóxicos en sus propios barrios de manera de preservar la salud comunitaria.

Los campesinos en ocasiones pueden obtener beneficios y capitalizarse, ya por acciones de las políticas públicas (Planes de colonización y entrega de tierras), situaciones propias de los mercados (alza en el precio de los productos), así como por el despliegue de factores internos (realización de trabajos extra prediales por parte de los miembros de la familia). Ejemplo de la primera situación se dio entre productores tabacaleros misioneros a partir de los planes de colonización encarados por el Gobierno provincial en la década del `80. Las tierras fueron entregadas a varones mayores de 18 años, lo cual además de generar un proceso de desigualdad de género exigió a los productores a una planificación al interior de la familia adecuada, por ejemplo, en el despliegue de la mano de obra, uso de la tecnología y cultivos realizados a fin de mantener dentro de una misma unidad productiva familiar los predios obtenidos en el proceso de colonización.

Para concluir, no se trata de meros actores pasivos que se dejan someter, aún en condiciones de subordinación, a las decisiones de otros; por el contrario, desarrollan permanentemente nuevas articulaciones en la búsqueda de mejorar su posición en el campo. Desde el inicio de este trabajo advertimos que la heterogeneidad es una característica básica de las unidades campesinas, por ejemplo en el planteamiento y puesta en práctica de los agroecosistemas, determinación de las estrategias y selección y adopción de las tecnologías.

Quizás más que cualquier otro tipo social agrario, los campesinos se hallan condicionados por procesos globales –concentración empresarial, transnacionalización del capital- y con procesos internos; la apropiación de los bienes comunes naturales, los modos de producción vigentes y las estrategias de acumulación puestas en juego.

Es indudable que la persistencia de los campesinos se relaciona a cómo han podido articular y ajustar, desde el sentido práctico, ciertos elementos como la dotación de recursos, la composición familiar, sus saberes, sus destrezas a cambios en el contexto económico y social en el cual se mueven. Saberes que se relacionan con los estilos de producción, sus prácticas, la utilización de tecnologías, pero conocimientos que también les permiten articularse con las empresas, los estamentos del Estado y con otros productores, estableciendo alianzas con diversos grados de autonomía. Esta persistencia también se relaciona con ciertos reacomodamientos familiares que implican migraciones temporarias -y permanentes- incrementando los ingresos provenientes de actividades prediales con aquellos provenientes del exterior, y ajustando el consumo de bienes y servicios familiares. También la permanencia se relaciona con el concepto de heterogeneidad interna y diversidad de estrategias. La heterogeneidad está vinculada a la diversidad en la dotación y a su vínculo legal con la tierra, a la organización social del trabajo, a los vínculos establecidos con el mercado, a la dotación de bienes, a su origen étnico e incluso a sus conocimientos. Aunque con matices diferentes, entre los productores de los residentes en distintos territorios del país, se destaca un bajo acceso a la educación, a la salud y a la recreación lo cual evidencia necesidades insatisfechas.

A pesar de las predicciones históricas, de las políticas internas y los cambios externos, los campesinos resisten, cambian, se organizaron para demostrarnos que otro modo de vincularse con los bienes naturales, de vivir y soñar es posible.

Javier Souza Casadinho
Javier Souza Casadinho
javier@huellas-suburbanas.info