De 1955 a 2019 – El mismo odio de clase

A mediados del siglo anterior, el gobierno peronista había logrado torcer el rumbo de la historia.  Avances  en la industrialización de la Nación e incorporación de los trabajadores  signaban sus logros.  Pero un gobierno que defendía un único interés, el del pueblo, no era bien mirado por algunos sectores de la sociedad. La oligarquía, el resto de los partidos políticos y sectores de las FF.AA. continuadores de la línea fusiladora clasista histórica Mayo-Caseros no podían permitir que ese gobierno continuase.

Por eso, en aquel setiembre de 1955, tras varios intentos que incluyeron un par de meses antes el bombardeo de Plaza de Mayo – Fue el peor atentado ocurrido en nuestro país, dejando como saldo alrededor de 400 muertos y 1000 heridos  – derrocan al gobierno de Juan D. Perón.    Como consecuencia d este accionar todas las organizaciones peronistas fueron prohibidas, se revirtieron las reformas sociales y hubo persecución a los líderes sindicales. Además, la reforma constitucional de 1949 fue abrogada. Reforma  que había sido adoptada por una asamblea constituyente.  Se perdieron muchas de las conquistas logradas y el país entró en su primer acuerdo con el FMI de la mano de Raúl Prebisch, iniciando el camino hacia el neoliberalismo. Se intentó de borrar  de la historia al peronismo.

Sesenta y cuatro años después, soplan vientos con pensamientos similares a los de aquel 1955.  Hay un retroceso de los derechos conquistados por los sectores populares tan solo una década atrás.  Tres años y medio de un perverso gobierno neoliberal que  se acerca al final de su mandato y nos va dejando este saldo: una inflación acumulada que supera el 200%, el 51.7% de los pibes del país son pobres (según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) y el salario mínimo perdió 28,2 % en términos reales con respecto a la inflación.  El índice de pobreza oscila cerca del 33%, la deuda interna y externa Argentina ascendió a US$ 334.289 millones y las fábricas están utilizando tan sólo el 57,7% de su capacidad productiva aproximadamente, síntoma de la caída del desempleo y la producción.

El mérito por el cual un sector de la sociedad apoya al gobierno actual es,  como en aquel 55, el  nombre por el cual Mauricio Macri hoy,  es el del antiperonismo.   Porque su meta es el fin de una identidad que constituye un insulto a la Argentina culta, productiva, abierta al mundo, civilizada.  Es el terminar con el hecho maldito del país burgués.

Funcionarios de gobierno que parecen ser  los descendientes directos de la “Revolución Libertadora. Se llaman así mismos republicanos, pero muchas de sus obras son más perversas que las de un dictador bananero.  Simplemente conforman una cohorte de lavadores de dinero, especuladores financieros prepotentes y violentos.

Son “demócratas” capaces de dictar un decreto para modificar la Corte Suprema, apeas  arriban al gobierno. De montar una administración que les sirve  armar un proceso de apropiación de renta para amigos y aliados que incluyó tierras, vías aéreas, negocios financieros e inmobiliarios entre otros.   Expertos en emplear como medios para alcanzar sus fines la extorsión, la violencia o las expropiaciones de facto como las que  avanzaron e intentan avanzar sobre empresas de la comunicación.  Su paquete de medidas Incluye  presos políticos (gracias a la manipulación de la “prisión preventiva” para perseguir opositores o al empleo de la extorsión para “formar arrepentidos”, de acuerdo con sus necesidades), causas armadas, y hasta la destitución fraudulenta de jueces.  Esto es Cambiemos y esto será Juntos por el Cambio, aunque como expresó el presidente “mucho más rápido”.

Nos han engañado mucho para hacer los negociados de los amigos del presidente.  Hay que hacer comprender que las empresas de servicios públicos,  tienen que volver a ser del estado, del Pueblo, de los y las argentinas. Y que la ganancia, que es muchísima, quede en la Argentina; que ese capital debe permanecer en el país  y no en el bolsillo de algún vivillo que tenga una cuenta “offshore” en Panamá.

Cuando Perón nacionalizó todos los servicios públicos dijo algo así: “…no era que nosotros, por chauvinismo, quisiéramos nacionalizar y menos aun despojando a nadie. El caso era que, de mantener este estado de cosas, estaríamos sometidos a una descapitalización progresiva”. Se vienen las P.A.S.O. y luego las elecciones generales, y esta vez no deben existir dieciocho años de espera.  Tan solo cuatro años más de un gobierno cleptócrata como el actual y no quedará país sobre el cual pararse.

El revanchismo empresarial iniciado en 2015 nos demuestra  que necesitamos al Estado cuidando al ciudadano, al Pueblo.  El individualismo, ese egoísmo fomentado desde un gobierno que le echa la culpa de su muerte a quién muere en la ciudad por el frío, no es la Patria que podemos construir. Los argentinos somos mucho mejores de lo que ofrece y de lo que no hace creer que somos este gobierno de derecha.

“La libertad, el bienestar y la riqueza no se solicitan, ni se piden: se conquistan. La cuestión para nosotros no es cambiar de amo, sino ser una Nación fuerte, segura de sí y henchida de salud como corresponde a un Pueblo inteligente que habita un suelo feraz”, decía don Raúl Scalabrini Ortiz.   Está siendo tiempo de que lo comencemos a hacer valer desde la boleta en las urnas, gritándoles “¡que se vayan!

Tomemos la decisión de  ser libres.  Nuestro primer paso lo podemos dar echando en las urnas a estos ricos que gobiernan para ricos. A estos empresarios que ya nos volvieron a demostrar que es verso eso de que Estado interventor es malo,  como también lo son las nacionalizaciones, etc.  Y que es un relato armado que emplean como excusa para darles hasta la última gota de nuestros salarios a empresas de “servicios públicos” y dueños privados, que hace mucho dejaron de cumplir su rol.  Porque el reloj indica que se acerca la Hora de los Pueblos.

Como argentinos, como Pueblo, no podemos ignorar esta realidad que duele.  No podemos mirar para otro lado cuando aumenta la cantidad de compatriotas que duermen en las calles, no podemos evitar que nos duelan las pymes y comercios que cierran, los jubilados y los discapacitados que abandona este sistema neoliberal, la deuda contraída…

“Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar. Si, todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar, cómo será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud. ¡Y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia!  Hagamos carne en nosotros, las palabras de Evita y luchemos por transformar esta realidad que nos duele.

Juan Carlos Dennin
Juan Carlos Dennin
juancarlos@huellas-suburbanas.info