Coronavirus: tiempo productivo y tecnologías

Los ojos cansados lloran de vez en cuando juntos, otras veces por separado, fatigados de estar mirando una pantalla que nunca deja de demandar respuestas. Es el tiempo productivo del sistema capitalista que no descansa, aún cuando la consigna es estar en casa. No hay pausa en las exigencias de una vida naturalizada en el hacer, rehacer, y seguir haciendo. Sin embargo, el confinamiento y esa falta de costumbre de estar tanto en el hogar, distorsionan toda la visión de la rutina: sobre el quehacer diario, sobre el trabajo, sobre la marea de sentimientos que vienen y que van, sobre las lecturas. En este contexto global de excepcionalidad, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) cobran una mayor relevancia.

Este momento histórico que ya lleva más de 40 días de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, y que empieza a parecerse a un capítulo de Black Mirror entrecruzado con el control panóptico reflejado en The Truman Show, nos explota de tanta virtualidad. Y, en definitiva, es cierto que la virtualidad ha erosionado las identidades individuales y colectivas y ha impartido nuevas lógicas en la comunicación superestructural como en la más individualizada. Somos también nuestras redes sociales, nuestros videos compartidos de gatitos jugando con un ovillo, nuestros likes a una comida casera hecha por un desconocido, la respuesta a una historia de la persona que nos gusta, o la acción solidaria cuando participamos en campañas concientizadoras, entre tantas otras cosas. Hoy dimensionado por estar encerrados.

La era de los clics es la época de una masividad exponenciada por la vertiente del alcance de los mensajes que ha ido en aumento, logrando una globalización que desterritorializa y reterritorializa, que deja en una línea delgada la distancia entre lo público y lo privado, que ha reconfigurado a los espacios y a los tiempos en todas sus dimensiones, y que ha traído nuevas discusiones y problemas en la construcción de ciudadanías y de la democracia. Pero las redes sociales no flotan en un mundo cultural paralelo, sino que son parte del orden social donde se yuxtaponen todos los componentes de la cultura virtual junto a la cultura total de todas las otras dimensiones de la vida diaria. Ni ángel ni demonio, las tecnologías no son un ente externo a los comportamientos de una sociedad disciplinada y normalizada para funcionar bajo la aguja del reloj de la producción que exige a cada instante.

En esa línea, seguir las clases por Zoom o Classroom -pese a que hay una disparidad ocasionada por la gran brecha digital en las posibilidades de ingreso al uso de estas plataformas, ya sea en tanto por falta de una computadora o un celular con suficiente espacio, como así también por no tener conectividad a internet-, hacer unas cuantiosas horas de trabajo en el sillón de casa o tener reuniones virtuales en cualquier momento del día son imágenes de época durante el encierro en casa que afirman esta configuración adicta al no perder tiempo y a las desigualdades en las posibilidades de unos y otros. El productivismo no nace con las nuevas tecnologías, sino que, al contrario, son las nuevas tecnologías quienes quedan supeditas a una lógica instrumental utilitaria, quedando bajo el foco de cientos que acusan o disparan sus fusiles de crítica contra una herramienta que puede ser pensada para tener nuevos usos y significaciones.

El nudo problemático entonces está en cómo convertimos de aquí en adelante al tiempoproductivo y a la utilización de las herramientas tecnológicas en función de otra demanda que no sea solo la de la producción en masa. Será tiempo de disputa para acortar las brechas digitales en cuanto a infraestructura y posibilidades de conectividad de forma federal, al mismo tiempo que apuntamos a esfuerzos que achiquen la brecha en cuanto a la formación de su uso: la alfabetización digital. Para ello, cargar de contenido y de producción social de sentido a lo que ocurre dentro de las culturas virtuales, es también un paso hacia adelante para construir ciudadanías críticas y una democracia más firme, más segura, y menos contaminada, donde las noticias falsas (conocidas en su término en inglés, “fake news”), hecho hoy tan nombrado en la política nacional, no muevan el amperímetro de la agenda pública.

Discutir la noción común del tiempo, el rol de las TIC bajo una lógica utilitarista, es discutir nuestro lugar colectivo e individual dentro de un sistema desigual y excluyente, para empezar a crear un futuro que no nos sobrecargue de exigencias, que nos permita disfrutar de los tiempos de ocio, y que comprenda a la posibilidad de elegir información y comunicarse como un derecho humano intrínseco a la globalización contemporánea.

Juan Manuel Senese
Juan Manuel Senese
juanmanuelsenese@huellas-suburbanas.info