De ayer a hoy: ¿Lucha contra la corrupción o entrega del país? (1ra. Parte)

Si en esta época de posverdad,  en que  todo puede ser dicho y convertido en ‘verdad irrefutable’, afirmase que encontré un vehículo que me permite la posibilidad de viajar a través del tiempo, tal vez, con apoyo mediático, podría afirmar que es algo verosímil.  Sin poseer en realidad dicho vehículo, pero comprobando las correspondientes documentaciones históricas, se puede verificar que existen parámetros constantes entre el accionar de quienes dicen luchar contra la corrupción y las resultantes de esa maniobra.

Realicemos juntos un viaje imaginario dentro de nuestra historia y arribemos al año 1930.  La primera magistratura del país era ejercida por Hipólito Yrigoyen.  Era alguien que había llegado a la política luchando contra el régimen oligárquico y disponiendo las primeras medidas que beneficiaban a los sectores populares. Fue  un gobernante ejemplar en el manejo de los fondos públicos y pese a  haber muerto en la pobreza, sus enemigos no dudaron en calificar su gobierno como una “orgía de malversación y prevaricato”. Un  senador rival lo acusó de haber recibido una coima de cinco millones de pesos. El diario nacionalista La Fronda llegó publicar la partida de matrimonio de los padres del presidente para demostrar que eran analfabetos, información que aparecía bajo un título que rezaba “Analfabeto de padre y madre”.

¿Cuál era el fondo de esta situación? Sin duda alguna fueron los argumentos que se utilizados para justificar el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930.  Golpe  que, curiosamente, dio inicio a una de las etapas de mayor corrupción, entrega de la soberanía nacional y pobreza para la mayoría de la población, la oligarquía regresaba a gobernar para entregar el país al dominio inglés, con grandes negociados contrarios al interés nacional que no eran denunciados por los diarios cómplices.

Como volvería a ocurrir un cuarto de siglo más adelante, la respuesta de los “luchadores contra la corrupción” fue la  difusión de la realización de investigaciones en varios organismos del estado por supuestos delitos. La realidad nos demostró que acusaron a dirigentes radicales de delincuentes, y los persiguieron, detuvieron y difamaron por la sola pertenencia a un gobierno popular.

Los acontecimientos posteriores dejan en claro el objetivo de quienes se definían como defensores de la Patria. Se inicia el período denominado como Década Infame (denominación dada por el periodista nacionalista José Luis Torres).  En este período, Argentina negoció el pacto Roca-Runciman con el Reino Unido, que garantizó las exportaciones de carne, a cambio de importantes concesiones económicas de parte de la Argentina.  Concesiones entre las que se destacó la concesión de todos los medios de transporte público de la ciudad de Buenos Aires a una empresa mixta denominada Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires y les eliminó el impuesto de sus importaciones de elementos para el mantenimiento de sus mismos transportes. En Capital Federal se produjo la estafa a los usuarios del servicio de electricidad, por parte de la “Compañía Argentina de Electricidad” (creada como Sociedad Anónima para evadir impuestos) subsidiaria de la belga Sofina, que cobró, además millones de pesos, justificada en el Concejo Deliberante como un hecho de “confusión”.

Entre los escándalos más resonantes se encuentran los que involucraron a las empresas Baring Brothers, los ferrocarriles ingleses, la Compañía Hispanoamericana de Electricidad (CHADE) y la Compañía Ítalo Americana de Electricidad (la Ítalo),​ los frigoríficos ingleses y las empresas Swift y Deltec, Suchard, IBM, Siemens, Chase Manhattan Bank, etc.

Se crea el Banco Central de la República Argentina, cuyo principal objetivo es controlar y regular las fluctuaciones de la masa monetaria. El  aislacionismo comercial de las grandes potencias obligó a realizar cambios en la economía para subsistir.  Para paliar la situación se inicia el desarrollo industrial vía la sustitución de importaciones. La política económica se volvió estatista y se crean  gran cantidad de organismos estatales reguladores ( Junta Nacional de Granos, Junta Nacional de Carnes, etc.) y empresas públicas (Fabricaciones Militares, Altos Hornos Zapla etc.). Para los sectores medios y obreros fueron años de desesperanza y escepticismo. La desocupación afectó a muchos argentinos, que tenían dificultades para conseguir trabajo.

Una síntesis de lo actuado nos indica que el “establishment”, la oligarquía, los sectores del poder detrás del poder agitan el fantasma de la corrupción para atacar a un gobierno que se preocupa por los sectores populares, la prensa cómplice se hace eco y  convence a amplios sectores de la sociedad hasta lograr un cambio de gobierno, que defienda sus intereses. Logrado dicho cambio comienzan a flamear la corrupción, los negociados que perjudican al país, el desempleo,  el fraude y la represión…  Como veremos, este accionar se repite hasta la actualidad.

El 4 de junio de 1943 se da el comienzo del fin de la Década Infame. Los militares del Grupo de Obra de Unificación (GOU) proceden el golpe de estado que derroca al presidente Castillo. El GOU era una logia fundada el 10 de marzo de 1943 en los salones del Hotel Conte, que estaba frente a la Plaza de Mayo, por iniciativa de los tenientes coroneles Miguel A. Montes y Urbano de la Vega, que fue creciendo en influencia dentro de las filas castrenses. Sus principales referentes eran el coronel Juan Domingo Perón y el teniente coronel Enrique P. González.

La gestión de Castillo fue reseñada por el diario “La Vanguardia”, en lo que también podría ser una síntesis de ese período que concluía: “El gobierno del doctor Castillo fue el gobierno de la burla y el sarcasmo. Su gestión administrativa se desenvolvió en el fango de la arbitrariedad, el privilegio, la coima y el peculado. Toleró ministros y funcionarios ladrones, y firmó, displicentemente, medidas que importaban negociados. Nada ni nadie le contenía en su insana política de rapacidad y de oligarquía. Eligió su sucesor a pesar del clamor de la opinión pública y de la repugnancia de algunos miembros del partido oficial. La fórmula de los grandes deudores de los bancos oficiales contaba con la impunidad oficial”.

De los integrantes de aquel grupo emergería la figura del coronel Juan Domingo Perón, quien desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, tomó amplias medidas para hacer efectivas las leyes laborales. Su imagen fue en crecimiento, y, en 1945 se genera un amplio movimiento en su contra, que lo obliga a renunciar, primero y lo arresta con posterioridad.  Esta situación genera que el 17 de octubre de 1945 se produzca una gran movilización obrera  en reclamo de su liberación hasta que esta es lograda. Esa fecha queda signada como la del nacimiento del nuevo Movimiento Nacional y Popular.  Poco tiempo después en las elecciones presidenciales de febrero de 1946 convirtieron a Juan Domingo Perón en Presidente de todos los argentinos, con el 54% de los sufragios.

N.deA.: En el próximo número podremos apreciar el accionar de los mismos sectores sociales y otros que se les suman, ante la aparición del peronismo en el escenario nacional, y cuál fue la resultante de dicha acción.

Juan Carlos Dennin
Juan Carlos Dennin
juancarlos@huellas-suburbanas.info