AUDACIA

Por Rubén Lombardi

   El desarrollo del sector agrario, sea por lo que fuera, es tal en nuestro país que conforma un poder capaz de incidir de manera terminante en la política económica de Argentina.
   Si partimos de la base que 5 empresas exportadoras de soja concentran casi el 70% de las ventas del producto, y si todas no solo exportan sino son dueñas de terminales portuarias innumerables centros de acopio de granos, plantas de procesamiento y venta de oleaginosas, aceites y subproductos, varios molinos harineros, plantas frigoríficas y centros de fertilizantes…podremos caer en cuenta que son bastante más que vendedoras del «yuyo maldito».
   Ellas son la norteamericana CARGILL, la norteamericana BUNGE, la francesa DREYFUS, y las mas locales Noble y ADM.
   El poder y la enorme ganancia les ha estimulado el apetito, por lo cual se han acostumbrado a todo tipo de maniobras especulativas, como evadir impuestos, subfacturar ventas, trasladar la ganancia obtenida en nuestro país a otros con menos controles y retenciones.
   Queda claro que así y todo el sector cerealero que opera en el país es uno de los mayores del mundo, y mal que mal es el que destina los dólares más numerosos que el ESTADO NACIONAL (no el Gobierno actual, sino cualquiera) necesita para cumplir sus múltiples funciones.
   Tienen de socios en su actividad a los Pooles de Siembra y a los tradicionales propietarios del campo argentino, la vieja oligarquía terrateniente. Los pooles les sirven en el alquiler de tierras y maquinas y en el suministro de las modernas tecnologías como las transgénitas, preparadas para aumentar los rindes por hectárea.
   Y el propietario, porque saca tajada en los alquileres principalmente y ve incrementado el valor de su propiedad que todo el proceso le ocasiona.
   Para ganar más y más en la actividad, necesitan que el dólar sea cada vez más caro y el peso no valga casi nada. ¿Por qué? Porque sus compras de insumos las hacen en la moneda nacional (peso), que así le resulta barata, pero las ventas al extranjero las cobran en la divisa norteamericana.
   En eso, creo que radica el meollo de la disputa con el Gobierno y de la crisis cambiaria que se ocasiona.
   La sociedad debería entender el corazón del problema, más allá de juzgar en qué ha acertado y en qué errado Cristina Fernández en la conducción de este momento económico. Porque el más perjudicado siempre es el Pueblo, que tiene severísimas posibilidades de ver trasladado a los precios de sus compras diarias las consecuencias de la actual devaluación.

  Por eso sostengo que la devaluación no la produjo el Gobierno, que ha resistido hasta donde pudo. La ocasionó el delictivo accionar de las cerealeras y la banca extranjera. En todo caso, bajó la guardia ante el ataque frontal y violento de un sector económico con un poder destructivo descomunal, y que ya produjo consecuencias críticas bajo los gobiernos de Alfonsín y De La Rúa, más allá de sus notables falencias para conducir la economía (característica del último radicalismo).
   Para salir de esto, a mi modesto entender, sólo cabe un camino: NACIONALIZAR EL COMERCIO AGRARIO Y LOS DEPOSITOS BANCARIOS.
   Así, compraríamos toda la producción desbaratando la retención especulativa de los granos en Silos bolsa que hacen hoy los sojeros y la venderíamos con ganancia para el país. Y obligaríamos a la Banca foránea a pedir autorización al BCRA para efectuar cualquier actividad crediticia y financiera. La compra a 8,40 del Presidente de Shell, cuando la divisa cotizaba a 7,20 habría sido imposible.
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