ANOMIA

“La mayor presión conducente al desvío se da entre los grupos socioeconómicos más bajos y las conductas desviadas son: el crimen, la delincuencia juvenil, la drogadicción, la violencia doméstica o violencia en general, el suicidio, los desórdenes mentales, el alcoholismo, etc. Se supone que la anomia es un colapso de la gobernabilidad al no poder controlar una emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, lo que provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social”. (Durkheim y Merton)

Se denomina anomia (del griego ἀνομία / anomía: prefijo ἀ- a- «ausencia de» y νόμος / nómos «ley, orden, estructura») a la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos de lo necesario para lograr las metas de la sociedad.
Desde tiempos prehistóricos, donde los pequeños grupos u hordas crearon pautas o reglas mínimas de convivencia social e individual, a los fines de satisfacer dichas necesidades elementales de los integrantes de ese pequeño grupo. Los comportamientos de las mismas no son de forma perennes y lineales; siempre estuvieron sujetas a cambios, a avances y retrocesos en una dialéctica que, consciente o inconscientemente, lleva la historia de los hombres o grupos humanos.
Dicho esto, nos lleva a inferir que cuando las normas o un estado de derecho no satisfacen al conjunto de una sociedad, aparece un fenómeno llamado anomia. Argumentado esto como principios básicos, la historia de la humanidad está sujeta a la presencia constante de esas anomias, que se pueden ejemplificar de esta manera: cuando se crea un estado de derecho o estado ciudad se dictan normas que, supuestamente, son para el conjunto de la sociedad o para su bienestar general. No obstante eso, con el devenir histórico-social en su práctica y convivencia se encuentra una parte oculta que en términos de Marx se llamaría ideología y es que eso que era algo para todos se devela que la construcción de esas normas estaban dadas por una clase social, que también tiene sus intereses económicos, políticos, etcétera, que lo detentan al servicio de los mismos, favoreciendo a esta clase en detrimento de la mayoría o clases y los individuos que componen esa sociedad.
Si la mayoría de las clases subalternas que componen ese estado están sometidas a los intereses no tan sólo personales en una ética autónoma, sino que también contradiciendo la ética heterónoma, el resto de las clases sociales y sus individuos se ven avasallados en sus realizaciones sociales y personales de bienestar, de justicia, de educación, de trabajo y su dignidad como tal, arrinconadas a una asiliencia que no encuentran una salida, y ven en ella como un destino marcado inexorablemente a una ignominia total. Surge de manera consciente o inconsciente una resiliencia que puede generar un estado de cambio, ya sea gradual o inesperado, llámese estallido social o una revolución, y ese estado supuestamente de deberes y derechos para todos, de bienestar, vuela por los aires y se comienza un nuevo estado en el que tan solo los hombres pueden modificar a esas anomias en aras de un mundo mejor, con un salto dialéctico y cualitativo superador de ese estado previo que padecían.

MESA PROVINCIAL «SEVERO CHUMBITA» –  RICARDO SOLOHAGA, JORGE MEDINA

Ricardo Solohaga
Ricardo Solohaga
Ricardo.Solohaga@huellas-suburbanas.info