Diarios de viaje: Cercano Oriente

(N. del Editor): Francois Soulard realizó durante el pasado mes de enero, un fascinante y exhaustivo recorrido por las regiones del Kurdistán, para lo cual atravesó partes de Turquía, Siria e Irak. A lo largo del mencionado mes, fuimos compartiendo sus “Diarios de Viaje”, que ahora decidimos condensar -desde una riquísima producción- para volver a compartir con el público lector. 

Erbil – Kurdistán, Irak

Capital regional del Kurdistán irakí, Erbil luce como una ciudad rica y relativamente opulenta, casi en el medio del desierto y en las orillas de la cordillera montañosa del Kurdistán. Si cualquier lugar del Medio Oriente es sinónimo de rompecabezas identitario y geopolítico, el Kurdistán es sin lugar a duda uno de ellos. Históricamente, los Kurdos fueron periféricos de los imperios otomanos y persas. Ahora, siguen siendo de algún modo un lugar periférico pero esta vez de los bloques nacionales, es decir de los Estados de Irak, Turquía, Siria e Irán. Constituyen la más importante minoría del planeta (40 millones de personas) que se encuentra sin Estado, y de hecho altamente dependiente de sus Estados vecinos/anfitriones, con los cuales mantienen vínculos tan contradictorios como complejos.

Estamos a 80km de Mosul, uno de los principales teatros de enfrentamiento que se libró a partir de octubre 2016 entre el Estado islámico, los Kurdos y las fuerzas de la coalición internacional. En su mayoría musulmana y sunita, el Kurdistán no está reconocida e incluido como tal por el mundo sunita tradicional. No parece haber señales evidentes de preocupación por la amenaza islamista en la ciudad de Erbil. Hay un alto nivel de seguridad pública y una simpatía espontánea de los Kurdos, portando todos los vestidos de una sociedad principalmente musulmana (sin bien existe una importante diversidad confesional interna).

En el terreno, podemos observar varios elementos que caracterizan a la región: el peso del tradicionalismo y del tribalismo local; la diversidad lingüística (árabe, kurdo, persa, turco); la importantísima presencia turca (evidente en Erbil, mientras los Kurdos del Rojava en el norte de Siria sufren una ofensiva del ejército turco que apunta a modificar el equilibrio etno-demográfico del Kurdistán sirio); los nombres de personalidades internacionales y referentes políticos, solidarios con la causa kurda que figuran en las plazas y lugares públicos; los refugiados y los migrantes asiáticos (muchos filipinos e indios); los estudiantes y las universidades cuyo contenido expresa la voluntad de fomentar la modernización de las élites kurdas.

En este mundo caótico y plural, ¿cómo existir “sin un Estado” y acorralado por Estados vecinos cuyos nacionalismos se vuelven quizás más vivos que nunca? ¿Cómo han atravesado las consecuencias de la “guerra de elección” llevada adelante por los Estados Unidos en Irak y Afganistán? Estas dos preguntas parecen dos de los interrogantes con mayúsculas que nos plantea el Kurdistán. La respuesta no es sencilla y obliga a dejar los modos de lectura tradicionales. Pese a la represión que ha sido una constante en la historia kurda, ninguna derrota ha sido interiorizada. El grado de autonomía y el ente gubernamental regional que poseen los Kurdos en Irak es muy singular. En efecto ¿qué comunidad logró disponer hoy en día de un ejército integrando 200 000 soldados? Su combatividad ha sido ejemplar, particularmente en el Rojava sirio. La economía demuestra un dinamismo satisfactorio en el contexto de la región (presencia de petróleo). El nacionalismo kurdo tardío pero existente, impulsa cuatro vertientes regionales, incluso una en Siria que pretende tomar distancia con el modelo tradicional de Estado.

Cualquier sea la forma, un factor clave para el Kurdistán reside en la capacidad de desarrollar grados de autonomía aceptables para las potencias vecinas y sortear tanto las relaciones de fuerzas como las dependencias inevitables que se desarrollan en todo el espectro político. Para el observador, es interesante comprobar cómo este escenario obliga a dejar de lado las ideologías y pensar de otro modo la realidad. Entender el contexto regional y el ADN social de los Kurdos se vuelve central. Lo que se palpa aquí poco tiene que ver con los relatos “neoimperialistas” y la suerte de pensamiento mágico que abona a la comodidad de los partisanos políticos (por llamarla de ese modo). La situación de permanente vulnerabilidad ha puesto los Kurdos todo el tiempo la espalda contra la pared, con una suerte de obligación de combatividad. Perdieron varias batallas. Están lejos de ser perfectos y adelantados en comparación con sus vecinos. Pero algo hace que siguen de pie y van caminando…

¿Qué perspectivas para el Kurdistán?

Erbil, Kurdistán irakí

A pocos días de dejar Erbil en el Kurdistán irakí, nos parece útil tratar de sintetizar a grandes rasgos las perspectivas que se avizoran para las cuatro áreas del Kurdistán.

Desde un punto de vista pragmático, el Kurdistán irakí es la zona más estable y va transitando un nuevo periodo de equilibrio luego del referéndum de independencia de septiembre 2017. Ni Irán, ni Turquía, ni otras potencias regionales y occidentales poseen hoy el proyecto de alterar el Kurdistán irakí. Es útil recordar que en 2003, Turquía, como aliado de la OTAN, quiso condicionar el paso de las fuerzas estadounidenses por el norte irakí en pos de implementar una ofensiva hacia el territorio kurdo, condicionamiento al que se opusieron los Estados Unidos. Tanto el gobierno central de Irak como algunas potencias occidentales (incluyendo Israel), siguen brindando un apoyo en materia de defensa aérea, de entrenamiento militar e inteligencia, los Kurdos constituyendo un cuerpo de substitución (proxy) para la contención del islamismo radical.

Después de la excesiva ambición depositada en el referéndum de 2017 y de las importantes tensiones que se habían generado (el gobierno central de Irak recuperó por ejemplo el distrito de Kirkuk), se reconstruyeron los enlaces diplomáticos y económicos con los países limítrofes. La presencia turca, que asegura la principal fuente de salida de la producción petrolera kurda, es clave al respecto. Incide también la de Irán, más aún con el paso de un régimen sunita a un régimen chiíta en Irak desde 2004, pero en menor medida que la influencia de Ankara. Por otra parte, la amenaza yihadista está contenida en el marco de una mejora generalizada de la situación en Irak. Los grupos islamistas, vencidos militarmente, se encuentran de forma remanente en Raqqa (Siria), Mosul y Bagdad.

Al interior de Irán y Turquía, el destino de la numerosa comunidad kurda sigue y va seguir siendo el de una minoría en proceso de asimilación, sin ninguna perspectiva de autonomía y privada de derechos sociales y culturales. En el caso de Irán, los Kurdos pueden usar su idioma y practicar su religión mayoritariamente sunita. En el marco de su política de debilitamiento de Irán – probablemente lo máximo que se pueda pretender hoy de parte de la potencia norteamericana- quizá los Estados Unidos no duden en apoyar a algunos elementos perturbadores entre los Kurdos iranís y otros grupos.

Sin lugar a dudas, la situación más problemática se encuentra hoy en día en el Kurdistán sirio del Rojava. En esa área, la comunidad kurda se encuentra entre una Turquía decidida a eliminarlos (operación “Rama de Olivo” y limpieza étnica del sector de Afrin) y un régimen sirio hostil. En 2018, la iniciativa del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de incentivar una insurrección en algunas ciudades turcas agravaron el grado de represión de Ankara. Desde enero 2019, la decisión de Donald Trump de retirar las tropas norteamericanas de Siria (todavía no implementada) deja el Rojava aún más en una encrucijada. Entre la opción hipotética de habilitar una zona de exclusión aérea o un embargo comercial a Turquía si ésta continúa su ofensiva hacia el Kurdistán sirio, y la otra opción de establecer una alianza con el régimen de Damas bajo la supervisión de Rusia, la segunda vía parece la más realista.

Estas perspectivas para el Rojava sirio no dejan de ser preocupantes de aquí a cinco años. Más allá de la base ideológica (marxismo, comunalismo democrático, feminismo, etc.) que lo caracteriza y que abona a su combatividad, tanto escasa potencia en el escenario de radicalización del régimen turco como los errores que cometieron últimamente, lo obligan a readecuar su conducta.

Ser débil en este mundo (Diario de viaje, 3ra parte)

Mosul, Irak.

Impactantes imágenes de destrucción física, en contraste con las sonrisas de algunos habitantes que andan por la calle y aportan su semilla para reedificar la vieja ciudad de Mosul. El patrimonio histórico del lugar parece haber sido blanco privilegiado de los ataques islamistas. El minarete de la mosque Al Nuri, con sus ocho siglos de existencia, quedó simplemente mutilado. Uno no puede evitar de dimensionar las pérdidas humanas, a saber las mujeres y los hombres civiles que quedaron desplazados, bombardeados o presas de las prácticas particularmente sanguinarias de los yihadistas.

Desde hace un año y medio, la segunda ciudad de Irak que cuenta alrededor de 4 millones de habitantes, quedó liberada de la ocupación del Estado islámico. El asedio, iniciado en octubre 2016, duro alrededor de seis meses y opuso 3.000 combatientes yihadistas a unos 30.000 soldados del ejercito irakí y kurdo, sostenido por la coalición internacional. La toma de la ciudad fue un momento bisagra para la organización islamista, donde Abu Bakr al-Baghdadi se declaró califa (sucesor del profeta Mahoma en la religión musulmana) en julio 2014, creando así un viento triunfalista susceptible de sumar nuevas reclutas. La intervención aérea de los Estados Unidos puso un freno directo a su progresión cuando se dirigían hacia la ciudad kurda de Erbil.

En Mosul al igual que en otros lugares, el Estado islámico estuvo en carne y huesos. Ocupó el territorio durante tres años. Cosechó capitales financieros y equipamientos dejados en el lugar por un ejército desestructurado. Instaló localmente un régimen de dominio y clientelismo con los grupos religiosos y políticos locales. Para dar un aspecto más “digerible” a tal fenómeno, algunos habitantes piensan también aquí que el Estado islámico tiene que ver con un brazo armado de la OTAN o un cuerpo militar de substitución bajo mandato de algún servicio secreto para sembrar el caos y debilitar a Irak. Vi este tipo de pensamiento mágico circular en otras partes del mundo. Pero muchos saben que el islamismo militante es un fenómeno más complejo y de larga trayectoria. Su nueva forma ofensiva es temida y conocida, si bien el fenómeno hoy en día está relativamente contenido en Irak.

Frente a tantos escombros, viene rápidamente en mente la pregunta acerca de cómo se llegó a este escenario de enfrentamiento paroxístico. ¿Cómo lo político en bancarrota cedió tanto terreno? ¿Cómo tal movimiento islamista pudo ser capaz de expandirse y finalmente imponerse militarmente en una ciudad que contaba con un ejército más sofisticado? ¿Cómo pudo el Estado islámico permanecer nada menos que tres años en la ciudad de Mosul? ¿Por qué no actuó antes la coalición internacional y los países árabes vecinos?

Estas preguntas abren un amplio debate que difícilmente se puede abordar desde lo políticamente correcto. Dos palabras me vienen en mente en el instante: debilidad e ignorancia. Ignorancia por un lado, ya que la fantástica acumulación de errores estratégicos de parte de los Estados Unidos en su guerra de elección (y remodelación) en Irak y Afganistán es la causa indirecta de emergencia del Estado islámico. Surge también porque en el telón de fondo, muchos Estados árabes siguen vulnerables (fracaso en el largo plazo del nacionalismo, del socialismo árabe con una dificultad de modernización) y que transitamos unos cuarenta años de reislamización militante del mundo musulmán bajo el impulso de Arabia Saudita, Irán y ahora Turquía.

En el proceso para neutralizar el terrorismo internacional (marginal si lo miramos a escala global), Irak pagó un altísimo precio. Parece que las 200.000 víctimas de la intervención militar en Irak en 2003 no fueron suficientes. Desde el desconocimiento total del terreno político en Irak y Afganistán, hasta la ausencia de solidaridad de los países árabes para oponerse a la ofensiva imperial estadounidense, es un gran combo de ignorancia, debilidad y brutalidad que queda pulverizado en las cenizas sobre las cuales caminamos.

Nadie quería o estaba realmente preparado para enfrentar tal ofensiva islamista en Mosul. La coalición internacional no reaccionó cuando progresaba en pleno desierto el Estado islámico hacia Mosul. Por más difícil que sea de creer, el ejército irakí huyó y no resistió a la llegada del Estado islámico en el año 2014. Luego, después de tres años de ocupación, se necesitó seis meses de combate para vencer a un adversario muy inferior en cantidad, pero determinado para combatir hasta la muerte. El precio para enfrentarlo en teatros irregulares es alto y ninguna potencia occidental hoy está dispuesta a pagarlo en “vidas”. En definitiva, es más fácil luchar intramuros en Occidente contra un terrorismo colocando cada tanto unas “bombitas” que poner el cuerpo aquí en esta región, cuya espesor político y cultural impide ser ignorante. En momento de crisis, el cobardismo y la impotencia quedan desnudos.

Una lluvia fina salpica las calles de Mosul. Orgullo de la batalla final, vergüenza de la ocupación del tirano en un territorio entregado. Que vaya un homenaje a los combatientes peshmergas kurdos e irakís que libraron el combate físico contra el ocupante. Hoy como ayer, ser débil en este mundo significa pagar un alto precio.

Francois Soulard
francois@rio20.net